• Contact
  • Connexion

América Latina

Movimientos antisistémicos y gobiernos populares : nuevos desafíos

En América Latina existe una tensión entre
la lógica de la lucha política (antineoliberal,
antioligárquica, antiimperialista) (la nueva
emancipación política) y la emergencia civilizatoria
antisistémica derivada de las prácticas
y visiones utópico-liberadoras de los movimientos
sociales (sus desafíos y propuestas
frente a la civilización excluyente, patriarcal,
discriminatoria y depredadora del capital) (la
contextualización contemporánea de lo que
Marx llama emancipación humana). Esta tensión
se ha hecho tradicionalmente explícita
desde una visión instrumentalista de la política
y de la lucha por el poder como demiurgo
de lo social. Más desde una visión más amplia
de lo político, ella reaparece como algo imposible
de obviar. La actitud más productiva para
intentar superar dicha tensión no radica, salvo
que nos contentemos con un consenso “fácil”
e igualmente estéril, en desplazar los puntos
conflictivos que suponen ambas lógicas.

Al caracterizar las líneas de discusión entre
las estrategias liberadoras contenidas en las
prácticas y conceptos de las llamadas “contrahegemonías”
(dirigidas a la construcción de
un poder alternativo) y las “emancipaciones”,
entendidas esquemáticamente como procesos
tendientes a la liquidación de las propias relaciones
de sujeción y poder, Raúl Ornelas reseña
las antinomias de la que pueden ser presa
ambas lógicas. “Desde la perspectiva de la
emancipación –nos dice el autor mexicano—el
sujeto que se construye es también múltiple
pero caracterizado por la diversidad y anclado
más en la sociedad civil (o si se prefiere, en
las luchas populares) que en la esfera política.
La diferencia esencial con el proyecto contrahegemónico
es que la emancipación privilegia,
pone el énfasis en la recuperación del control
de la reproducción del sujeto transformador.
Por encima de cualquier otro objetivo, el proyecto
emancipador parte de enfrentar las dependencias
y opresiones que viven cotidianamente
los individuos y sus comunidades” [1]

El proyecto emancipador, a diferencia de la
estrategia política del proyecto contrahegemónico
de las fuerzas de izquierda, asume la
política en un sentido más amplio, como proceso
de autoafirmación, lo que Helio Gallardo
caracteriza como identidad autoproducida e
irradiación de autoestima popular [2].

La demonización de las mediaciones institucionales
y del Estado, como representación de la
dominación, por parte de algunos movimientos
libertarios, deviene un punto de no entendimiento
y de conflicto entre ambas concepciones.
De igual manera el pragmatismo y el
peligro de reproducir o continuar la cadena de
dominaciones en los proyectos contrahegemónicos
que queden truncos y no se propongan
trascender el sistema y superar la civilización y el orden cultural del capital, constituye el
principal cuestionamiento que puede hacerse
a la perspectiva lineal contrahegemónica. Con
razón Ornelas planea que “los esfuerzos que
se realizan actualmente en ambas direcciones
están encerrados en callejones sin salida aparente
en lo inmediato” [3]. Ni las emancipaciones
han logrado quebrar desde la cotidianidad
y territorialidad de sus emprendimientos la
hegemonía capitalista, ni las contrahegemonías
son tales si no incluyen en sus estrategias
de orden el perfil emancipatorio, libertario y
autogestivo de los movimientos sociales.

Ninguna de estas lógicas debe ser supeditada
una a la otra, sino armonizadas y complementadas,
lo que implica asumir sus puntos de
tensión como desafíos creativos de aprendizaje
de los sujetos involucrados. La construcción
teórica de la lucha implica acompañar las
prácticas para sistematizarlas y reflexionarlas
colectivamente, asumir una lógica dialógica,
de complementariedad : “con todos y todas,
en cualquier lugar y en cualquier momento” [4].
En otras palabras : si en aras de la presunta
toma del poder se abandonan las demandas libertarias
y de reconocimiento por las que han
luchado muchos movimientos, el nuevo poder
contrahegemónico pudiera derivar en una
entidad ficticia o desnaturalizada. De igual
forma, negarse a participar en el movimiento
radical de masas que se constituya en una
nación determinada ante la crisis del modelo
hegemónico, colocando las demandas específicas
(por muy legítimas que sean) por encima
de las de la inmensa mayoría de la población,
implica signar la noción de “diferencia” con
un alto rango de universalidad excluyente.

Habría que reconocer, en principio, que la confluencia
de los movimientos sociales y populares
para generar alternativas social-políticas
en una dirección anticapitalista no implica hacer
dejación de sus demandas específicas (libertarias
y de reconocimientos) ni posponerlas
para etapas posteriores, aunque se modifiquen
sus objetivos y métodos en cada coyuntura. La
lógica geopolítica antiimperialista que avanza
hoy en América Latina no es incompatible con
la lógica de los movimientos sociales. Las razones
de los movimientos son tantas como los
atributos del mundo que es posible conquistar :
dignidad para personas y pueblos, equidad,
igualdad de género, medio ambiente,
diversidad sexual, multiculturalismo, soberanía
alimentaria, biodiversidad. El “programa
máximo” emancipatorio y libertario de la revolución
política anticapitalista (pospuesto en
las experiencias protosocialistas del siglo XX)
se convierte en “programa mínimo” de las luchas
de los movimientos sociales y populares.

No desligar fines y medios

Lo antisistémico se resignifica como subversión/
superación no sólo política, económica
y social del capitalismo, sino civilizatoria y
cultural, mediado por ejes transversales, cuyo
centro es la diversidad (de género, etnico-racial,
cultural, identitaria, etc.). La referencia
de los valores antisistémicos (anticapitalistas,
antipatriarcales, por relaciones de producción
no depredadora con el medio ambiente,
en defensa de la diversidad natural, de la diversidad
social-humana) es clave para asumir
esos valores en la cotidianidad y fundar las
acciones de transformación en esa ética y no
desligar fines y medios. En otros términos, lo
que hoy atenta contra la existencia y plenitud
del principio Vida, en el contexto de la
civilización capitalista, no puede ser asumido
como necesario en una etapa presumiblemente
alternativa al sistema social-productivo y
cultural vigente.

Si bien el pensamiento antisistémico no se
agota en lo posible-político, ni cede ante el
“sentido común” que tiende a hacerlo prescindir
pragmáticamente de la idea de un orden
nuevo posible y deseable, aun cuando
éste no aparezca visible ni latente en la coyuntura
de la época, ello no significa que pueda producirse un salto ahistórico del reino de
la necesidad al reino de la libertad. En esta
dirección, Joao Pedro Stédile ha expresado :
“A largo plazo todos tenemos como proyecto
estratégico el socialismo, pero el socialismo
por sí solo no organiza la lucha política, es una
referencia, entonces hasta que lleguemos al
socialismo ¿qué proyecto tienes para el país ?
El desafío actual es construir un proyecto que
represente soluciones concretas a los problemas
de las masas y que acumule fuerzas para
el socialismo” [5].

La diversidad : un aprendizaje político y humano

La diversidad (natural, social, humana) no es
un lastre a superar, ni a nivelar violentamente.
No es debilidad, sino fortaleza. Es una
riqueza para potenciar y articular. No tratemos
de negar las discrepancias, incomprensiones
y visiones diferentes sobre diversos
asuntos que implica asumir esta perspectiva.
No busquemos consensos fáciles ni tramposos.
La diversidad es un aprendizaje político
y humano, un proceso educativo para quienes
transiten por ella. Ante la tentación de
erigirnos en jueces omnipotentes de quienes
nos acompañan en el camino de la emancipación
social-humana integral, pensemos qué
nos une e identifica, qué podemos aprender
de unos u otros movimientos y perspectivas
liberadoras, qué retos comunes enfrentamos
y qué compromisos históricos claman por
nuestro accionar. Hoy, como nunca antes,
la izquierda requiere tensar sus instrumentos
de análisis y de creación, puesto que “es
necesario pensar en una empresa muchísimo
más difícil : la labor histórica de superar la
lógica objetiva del capital en sí, mediante un
intento sostenido de ir más allá del capital
mismo”. [6] Pero esas alternativas sociopolíticas
no serán obra de gabinetes, ni fruto de
ninguna arrogancia teórica o política.

Serán construidas como proyectos colectivos y
compartidos, desde y para el movimiento social-
popular. Para América Latina las preguntas
estratégicas hoy serían : ¿cómo alcanzar
niveles de “crecimiento” y “productividad”
sin las contradicciones que lleva aparejada
la vía natural capitalista ?, ¿cómo eliminar
las contradicciones sin caer en las paradojas,
trastornos y desviaciones que impidieron al
socialismo real ser una alternativa viable al
desarrollo natural capitalista ?, ¿cómo eliminar
el sofisma que entraña ese crecimiento y ese
desarrollo y su mecanismo depredador y preservar
al mismo tiempo los niveles esenciales
de civilización, base para otra nueva que ya
no puede ser ni occidental ni oriental, ni norteña
ni sureña, sino global ?

Los pueblos indígenas del continente aportan
importantes referentes a la hora de desafiar
las lógicas del desarrollo capitalista. “En la
creación de la armonía social, los pueblos indígenas
incluyen en la ecuación del desarrollo
elementos que transcienden la dimensión económica,
como la relación con la naturaleza, la
solidaridad con los otros, la pertenencia comunitaria,
la necesidad de encontrar espacios
de participación para la formulación de nuevas
políticas públicas y promoción de los derechos
humanos. Para los indígenas, la finalidad
de un auténtico desarrollo radica en construir
gradual y democráticamente las condiciones
materiales y espirituales para alcanzar el alli
káusai, o sea, el Buen Vivir” [7].

El concepto de Buen Vivir (Sumak Kawsay),
propio del mundo andino, actúa como una
propuesta de convivencia humana y con la naturaleza
centrada en medidas de equilibrio y
complementariedad. La noción de Buen Vivir
difiere de la de Bien Común, la que devino
justificación ideológica del enriquecimiento y
la actitud depredadora. Desde el Bien Común
se legitimó éticamente la homogeneización
violenta de las culturas de los pueblos originarios,
consideradas como lastres premodernos,
arcaicos, en lo interno del Estado-nación de
la modernidad. No se trata de idealizar estas
nociones ancestrales, de proclamar un retorno
acrítico a ese universo precapitalista. Edgar
Isch López señala al respecto que “a pesar de
los aspectos de justicia social involucrados en
la concepción del “buen vivir”, y que son un
avance para superar el neoliberalismo, ello no
puede reducir la lucha por la implantación del
socialismo y sus propias estrategias de desarrollo
y distribución de la riqueza, así como de
la restitución del metabolismo entre sociedad
y naturaleza indispensable para mantener la
producción y la vida misma. El eje de la economía
socialista va más allá al plantearse la
eliminación de las diferencias de clase social y
de otro tipo, solo alcanzables mediante la socialización
de la propiedad productiva y de la
riqueza producida por el trabajo de la mayoría,
pero que hoy es apropiada por pocos” 8.

Una nueva lógica de la Vida

Lo antisistémico, entendido como perspectiva
de superación del dominio y las lógicas
productivas y culturales del capital no es sólo
impulso utópico liberador. Si concebimos la lucha
anticapitalista desde la cotidianidad, se
trataría de mostrar las brechas, los intersticios
de ruptura de ese sistema, de esas tramas
y esas lógicas de la dominación reproducidas
e internalizadas en nuestras propias prácticas.
Se trata de potenciar las experiencias de
articulación política en función de una nueva
lógica de la Vida, que desafíen la lógica de la
producción y la reproducción del capital. Hacer
visible experiencias de construcción civilizatoria
alternativa que no son hegemónicas,
que existen invisibles no solo para el poder hegemónico,
sino en muchas ocasiones para las
organizaciones de izquierda.

Las referencias van desde el modo de producir
y reproducir la vida en las comunidades zapatistas
y en diversas comunidades indígenas
en la región, las luchas y propuestas de la Vía
Campesina por la soberanía alimentaria en diversas
regiones del planeta, del MST en Brasil,
la crítica feminista y del ecosocialismo al productivismo
patriarcal, hasta nuevos emprendimientos
de esta naturaleza en Venezuela y en
otras naciones, sin olvidar las múltiples iniciativas
populares de convivencia, asociación e
intercambio no mercantilizadas, autogestivas,
en toda América Latina, como las cooperativas
de la vivienda extendidas en varios países de
la región y en especial los proyectos participativos
de construcción a partir de tecnologías
apropiadas y apropiables y utilización de
materiales locales. No se trata de idealizar o
mistificar estas prácticas, muchas de las cuales
han convivido como “islotes” en medio del
océano global de la propiedad privada, sino
de estudiarlas y potenciar sus posibilidades en
las alternativas políticas antisistémicas que se
construyan.

Esas experiencias anuncian nuevos mundos
que no siempre vemos, ni socializamos como
es debido, y están en las propias prácticas alternativas
de los movimientos sociales populares,
aunque al parecer son contingentes y
fuera de lo pensado habitualmente desde el
paradigma modernizador.


Notes

[1Raúl Ornelas : “Contrahegemonías y emancipaciones.
Apuntes para un inicio de debate”, en Los
desafíos de las emancipaciones en un contexto militarizado,
Ana Esther Ceceña Coordinadora, Consejo
Latinoamericano de Ciencias Sociales, Colección
Grupos de Trabajo, Buenos Aires, 2006, p. 102.

[2Cf. Helio Gallardo : “Intervención en el VII Taller
Internacional sobre Paradigmas Emancipatorios, La
Habana, marzo 2007, www.heliogallardo-americalatina.

[3Raúl Ornelas, Op. cit, p.113.

[4Cf. Hugo Ávila : El sujeto popular revolucionario
en la experiencia de las comunidades socialistas en
Venezuela (Proyecto de tesis de doctorado), Fondo
Instituto de Filosofía, La Habana, 2008.

[5Joao Pedro Stédile “No vamos a acumular para
disputar el poder sólo por el camino institucional”,
entrevista con Prensa de Frente, Brasil, 11/06/2008.

[6István Mészáros : La teoría económica y la política :
más allá del capital, www.rebelión.org, 26 de
diciembre de 2002.

[7Carlos Jara : Del capitalismo salvaje al buen vivir,
ALAI, América Latina en Movimiento, 2008-06-04.
61 Edgar Isch López : El buen vivir o Sumak Kawsay,
voltairenet.org, 24 de julio de 2008.


Les opinions exprimées et les arguments avancés dans cet article demeurent l'entière responsabilité de l'auteur-e et ne reflètent pas nécessairement ceux du CETRI.