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Argentina

La reconstrucción del movimiento popular

Superar la dispersión del campo popular es central
para asegurar, en este momento de crisis mundial, la
continuidad del proceso de cambios abierto en
nuestro país a partir del 2001. La izquierda
democrática debe hacer su propia contribución y
recuperar su capacidad de interpelar a la sociedad.

La pejotización del Gobierno

Una de las consecuencias de la crisis política
que afectó este año que termina al Gobierno de CFK,
fue el creciente protagonismo del Partido
Justicialista en su esquema de sustento, junto al de
la dirigencia sindical. Giro a la derecha para algunos,
pejotización para otros, la asunción de la presidencia
del PJ por Kirchner anticipaba su decisión estratégica
de asegurarse el control del principal aparato partidario
del país que, más allá de su enorme fragmentación,
es hoy el único partido nacional.

Más allá de evaluar qué hubiera significado
cederle ese espacio simbólico al duhaldismo, lo cierto
es que nada diferente se ha consolidado en diálogo
con la sociedad en estos años. Ese no ha sido un
déficit del kirchnerismo, que alentó de diferentes
formas la renovación política, sino un límite que no
han sabido superar las distintas fracciones de la
transversalidad.

Al mismo tiempo, en el PJ se acumularon
cambios en dirección de asignarle una propia impronta
kirchnerista al núcleo emergente de cuadros
que lo conducen. Mezcla de natural recambio
generacional, de renovación doctrinaria y de desarrollo
de una política interna de alianzas que
reaseguren la hegemonía interna, el PJ de Kirchner
dista años luz de ser el de Menem. Para muestra,
el protagonismo asumido por Agustín Rossi al frente
de la bancada del Frente por la Victoria en Diputados.

El rosarino fue una apuesta fuerte de
Kirchner. Se vieron sus frutos en una etapa en la que
el Congreso en general, pero en especial Diputados,
recuperó una fuerte presencia en la gestación de decisión
públicas trascendentes, desde el fallido debate
de la Resolución 125, hasta la reestatización de las
AFJP y la nacionalización de Aerolíneas, pasando por
la sanción del régimen de actualización periódica de
la jubilaciones, por nombrar las mas salientes.

Mal que le pese a Carrió, el refuerzo del rol
de las instituciones republicanas y del debate democrático
ha sido la respuesta elegida por el gobierno
de CFK para salir de la encerrona política a la que
la habían empujado errores propios y la acción concertada
de la derecha golpista. Eso en el plano
institucional. En cuanto a las transformaciones estructurales,
es claro que el Gobierno no giró a la derecha,
sino que profundizó su programa de reformas,
ante todo segando la principal fuente de valoración
financiera del capital, que eran las administradoras
de fondos de pensiones.

El déficit de movilización

En esa brega, se percibe la insuficiencia de la
movilización política organizada de la sociedad, en
especial de los sectores populares, para los que la
suerte de este Gobierno no puede ser indiferente,
más allá de los balances que se hagan de sus logros y
sus limitaciones.

Para muchos, esa insuficiencia es uno de los
resultados buscados por el propio kirchenrismo, en
su intento de desactivar el conflicto social y canalizarlo
hacia formas institucionales de mediación
como las negociaciones colectivas de trabajo, en el
caso de los trabajadores ocupados y los Consejos Sociales,
en el caso de los trabajadores desocupados.
Que después de treinta años se quiebre la tendencia hacia la creciente informalidad en el mercado
del trabajo, se incremente progresivamente el número
de personas con empleo y que los salarios y jubilaciones
se recuperen, son algunos logros centrales de
esa estrategia. Precisamente, uno de sus frutos fue
disminuir los conflictos sin represión y promover la
reinserción social mediante el empleo.

Esos mecanismos, que arrancaron inmediatamente
después de la gravísima crisis del 2001, han
sido extendidos y profundizados por el kirchnerismo
hasta el punto que, en respuesta al conflicto planteado
por la patronal agraria, el Consejo del Salario Mínimo
permanece funcionando en sesión abierta, discutiendo
organizaciones empresarias, sindicales y gobierno
acciones necesarias en la coyuntura para preservar
el empleo, asegurar la capacidad adquisitiva
de los asalariados y sostener el mercado interno. Muchas
de las últimas decisiones presidenciales vieron
su origen en esos debates.

La crisis de representatividad

Ciertamente, las acciones de Gobierno explican
parte de la realidad. Más allá de los sectores organizados
del peronismo, convocados ante todo por
el ejercicio del poder estatal, la fragmentación política
de la izquierda democrática1 es su propia responsabilidad
y tiene su génesis inmediata en la frustrada
experiencia del Frente Grande, que se llevó
consigo las esperanzas de millones de una verdadera
y perdurable renovación de la política desde el campo
nacional y popular.

El nacimiento del Frente y su rápida consolidación
como una fuerza en aptitud de disputar las presidenciales,
fue la más acabada muestra de la profunda
crisis de de representatividad que arrastraban
ya entonces los partidos tradicionales, después de
haber sido cooptados por el neoliberalismo.
La frustración volvió a expresarse con fuerza
en octubre de 2001, cuando el PJ ganó en 18 de los
24 distritos del país, al tiempo que el 40 por ciento
del electorado no votó, votó en blanco o anuló su
voto. Luego vino el « que se vayan todos ».

Esa porción de la sociedad que no es contenida
por el PJ, incluyendo muchísimos peronistas,
como lo demostró el Frente Grande, no tiene en la
actualidad representación política y fluctúa entre diferentes
ofertas electorales, sin mayores convicciones.
En la multiplicidad de sus expresiones organizadas,
la izquierda democrática debe examinar sus
propias asignaturas pendientes en la disputa de
ese espacio político.

Las esperanzas de ser ungidos desde el poder
como expresión de ese espacio, por cierta capacidad
virtual de ser funcionales al esquema de gobierno de
Kirchner, que anidaban en varios cenáculos « progresistas
 », se han visto frustradas en variada medida por
el realismo político que ejerce el principal
trasgresor real que tiene hoy nuestro país.

Al coro de quejosos le queda bien la frase que
le adjudican a la madre del último sultán de Granada :
« No llores como mujer lo que no supiste defender
como hombre ». Claro está que aquí, más que
defender había que conquistar y que, por otra parte,
nuestras mujeres saben defender lo suyo. Conquistar
la voluntad de segmentos crecientes del electorado
era la tarea. En las próximas elecciones se
verá cuánto pudieron avanzar.

Lecciones de la derrota

La derrota sufrida por el Gobierno, y con él
todo el campo popular, en relación con la vigencia de
las retenciones móviles a algunas de las exportaciones
agrícolas, más allá de las enseñanzas que brindó
a los actores involucrados, dejó algunos saldos positivos
que, de aprovecharse adecuadamente, pueden
asegurar la continuidad del proceso de cambios
abierto en diciembre de 2001.

El primer elemento valioso fue ayudar a desenmascarar
ante muchos, aunque todavía no los suficientes,
quienes eran los verdaderos adversarios
de este proceso y qué pretendían, más allá de sus
discursos públicos.

Es cierto que la batalla de la opinión pública
fue perdida por el Gobierno pero, además de los medios,
existe otro espacio donde las fuerzas sociales
se piensan a si mismas y reelaboran cuál es su situación :
el espacio de los núcleos militantes, ínfimos en
cuanto al número en relación a la población total y
muchas veces en estos años, paralizados y desconcertados
ante un Gobierno claramente contradictorio.

Estos grupos militantes se han reactivado por
todos lados y multiplican su accionar. Unirlos lo más
estrechamente posible es la primera exigencia de
la hora. Construir entre ellos una nueva cultura política
de diálogo respetuoso y fraternal que ponga el
eje en la construcción colectiva. Una contribución
original y significativa en ese sentido ha sido hasta
aquí la experiencia de Carta Abierta.

La división de los sectores populares ha sido la
como beneficiario final al bloque oligárquico. Las insuficiencias,
los errores tácticos, los oportunismos
varios pueden ser objeto de crítica entre compañeros,
pero no deben taparnos el bosque. Si no se recompone
el movimiento popular, en su ancha y profunda
acepción, el proceso de salida del esquema
de políticas neoliberales puede frustrarse y no
afianzarse en el desarrollo de un proyecto nacional
de desarrollo autónomo con justicia social.

Un aporte valioso a esa recomposición del
movimiento popular sería la renovación el PJ, más
allá de los cambios que ya le imprimió el
kirchnerismo. Pero por fuera de lo que haga Kirchner,
la militancia de la izquierda democrática tiene su
propia responsabilidad en la reconstrucción de un
espacio político social con capacidad de incidir activamente
en el proceso político de nuestra sociedad, reflejando las aspiraciones de cambios que anidan en
muchos, en especial los trabajadores y sus intereses
de largo plazo. Dejar de ser comentaristas de la realidad,
con mejor o peor habilidad de análisis, para adquirir
la capacidad de actuar sobre ella en base a
la movilización y organización de voluntades en el
campo popular, es nuestro desafío.

Los impactos de la crisis

Los primeros años de la recomposición económica
posteriores a la crisis del 2001, se beneficiaron
de un auge internacional que especulativamente premiaba
ciertos bienes que nuestro país producía. Esas
condiciones favorables se aprovecharon con ventaja.
Pero ahora ese horizonte cambió. Está para quedarse
por bastante tiempo un estancamiento de las
principales economías del mundo. Podemos afrontar
esta crisis en mejores condiciones que antes, pero ya
nos está impactando.

Inevitablemente, en cada país se reforzarán las
acciones de protección de los espacios económicos
domésticos y las ventajas comparativas con otras
economías. Va a ser un tiempo más duro, que demandará
más inteligencia y esfuerzo para lograr las
metas de desarrollo e inclusión a las que aspiran la
mayoría de los argentinos. Un tiempo para replantear
el debate público acerca de los caminos que
recorremos para alcanzar esas metas.

En este juego hay quienes apuestan a la agudización
de la crisis, sabiendo que el empeoramiento
de las condiciones de vida de las mayorías,
puede abrir las puertas a una crisis política. Sería
su chance de retroceder todo lo avanzado. En tanto
se mantengan las variables principales de la economía
en una relativa estabilidad, su táctica será continuar
esmerilando el respaldo popular a la gestión de
CFK. Cuentan para ello con todos los recursos del sistema.

De este lado, tenemos que recuperar entre nosotros
toda la memoria del campo popular, de sus
sueños, sus luchas, sus derrotas y sus triunfos, para
templar la conciencia de que, unidos y organizados,
sí podemos.


Les opinions exprimées et les arguments avancés dans cet article demeurent l'entière responsabilité de l'auteur-e et ne reflètent pas nécessairement ceux du CETRI.