• Contacto
  • Conexión

La disputa por el futuro: transición energética, paradigmas tecnológicos y recursos naturales

América Latina frente a la reorganización geopolítica del sistema mundial

La humanidad atraviesa una transición histórica de carácter sistémico y civilizatorio. La crisis climática, la aceleración de las transformaciones tecnológicas, la reorganización de las cadenas globales de producción y la erosión del orden unipolar constituido después de la caída de la Unión Soviética, expresan una transformación mucho más profunda: la reconfiguración de las bases materiales, energéticas y tecnológicas del sistema mundial. No se trata apenas de una sucesión de crisis sectoriales —económica, ambiental, energética o geopolítica—, sino de una transición histórica que redefine simultáneamente las formas de acumulación, los paradigmas científico-tecnológicos y las relaciones de poder global.

La disputa por el futuro: transición energética, paradigmas tecnológicos y recursos naturales

(Photo : Leonid Sorokin, shutterstock.com)

Los grandes ciclos de expansión y reorganización del capitalismo mundial estuvieron siempre asociados al control de recursos naturales estratégicos, fuentes energéticas, territorios y tecnologías capaces de sustentar nuevos procesos hegemónicos. La hegemonía mundial no se sostiene únicamente sobre la fuerza militar o financiera sino, principalmente, sobre la capacidad de articular recursos estratégicos, innovación científica y tecnológica, infraestructura y organización de la producción en torno a nuevos patrones de reproducción material de la vida social.

En este sentido, el carácter estratégico de los recursos naturales es históricamente determinado. Un recurso adquiere carácter estratégico cuando se convierte en un insumo indispensable para los paradigmas tecnológicos dominantes o emergentes, articulándose a los ciclos productivos, energéticos e industriales que sustentan nuevas formas de acumulación y nuevas configuraciones del poder mundial.

Transición energética, paradigmas tecnológicos y recursos estratégicos

Cada gran ciclo histórico de expansión capitalista estuvo asociado a una determinada articulación entre energía, tecnología y organización de la producción. La revolución industrial británica se sustentó sobre el carbón, el hierro y la máquina de vapor. La hegemonía estadounidense del siglo XX estuvo profundamente vinculada al petróleo, al automóvil, a la petroquímica y al complejo industrial-militar consolidado después de la Segunda Guerra Mundial.

La transición contemporánea expresa una nueva configuración histórica basada en la convergencia entre digitalización, inteligencia artificial, automatización, biotecnología y transición energética. Las baterías de litio utilizadas en vehículos eléctricos y sistemas de almacenamiento energético, los semiconductores, los centros de procesamiento de datos, las redes digitales, las turbinas eólicas, los paneles solares y buena parte de las nuevas tecnologías militares dependen crecientemente de litio, cobre, níquel, zinc, cobalto, grafito y tierras raras.

En este escenario emerge con fuerza el concepto de “minerales críticos”, ampliamente utilizado por Estados Unidos y la Unión Europea en sus estrategias de seguridad económica y competencia tecnológica. El carácter “crítico” de estos minerales es definido principalmente a partir de criterios relacionados con la vulnerabilidad de abastecimiento, dependencia externa y capacidad de sostener industrias consideradas estratégicas para la seguridad nacional y defensa de las viejas potencias desarrolladas.

Sin embargo, desde una perspectiva latinoamericana, el debate no puede limitarse a la noción de “minerales críticos” formulada desde las necesidades estratégicas de las potencias occidentales. Para América Latina, la cuestión central no consiste únicamente en garantizar el abastecimiento global de materias primas consideradas indispensables para las economías centrales, sino en definir proyectos soberanos de desarrollo capaces de transformar los recursos estratégicos de la región en fundamento material de industrialización, desarrollo científico y tecnológico, integración productiva y, principalmente, bienestar de nuestros pueblos y no de las grandes empresas mineras transnacionales o de intereses extrarregionales que se vuelcan, cada vez con más voracidad, sobre los territorios de gran concentración de biodiversidad, agua dulce, fuentes de energía primaria y bienes comunes convertidos en materias primas y “commodities”, a través de un proceso histórico de politización, privatización y financiarización de la naturaleza.

América Latina en la disputa geopolítica contemporánea

La transición energética y tecnológica en curso reposiciona a América Latina en el centro de las disputas geopolíticas contemporáneas. La región emerge como uno de los territorios decisivos para la reorganización de la economía global, de las industrias de bajo carbono y de la transición energética, debido a la extraordinaria concentración de minerales estratégicos, biodiversidad, agua dulce, fuentes de energía primaria y capacidad de producción de alimentos.

América del Sur concentra aproximadamente el 80% de las reservas mundiales de litio, además de importantes reservas de cobre, níquel, hierro, grafito y tierras raras. La Amazonía, los acuíferos sudamericanos, el potencial hidroeléctrico regional y la creciente importancia de corredores bioceánicos e infraestructuras estratégicas colocan a la región en una posición central dentro de la transición sistémica contemporánea. Salvo pocas excepciones, los grandes proyectos de infraestructura regional están organizados desde una perspectiva que responde a un profundo proceso de reprimarización de las economías latinoamericanas, uniendo los centros de producción de materias primas a los puertos y aeropuertos, para la exportación.

La actual transición energética está reproduciendo, bajo nuevas formas tecnológicas y discursivas, viejas estructuras de dependencia. La creciente demanda global de minerales estratégicos está profundizando un nuevo ciclo primario exportador basado en la extracción superintensiva de recursos naturales sin control sobre el conocimiento, tecnología, I+D, industrialización y cadenas de valor asociadas a los nuevos paradigmas productivos.

La creciente disputa entre Estados Unidos y China por semiconductores, inteligencia artificial, infraestructura digital y minerales estratégicos revela precisamente esta transformación estructural de la economía mundial. La competencia contemporánea involucra, fundamentalmente, el dominio de los nuevos paradigmas tecnológicos capaces de definir las futuras formas de acumulación y hegemonía global.

Soberanía e integración regional

La disputa contemporánea por los recursos estratégicos coloca nuevamente en el centro del debate latinoamericano la cuestión de la soberanía y de los proyectos de desarrollo. La cuestión del desarrollo exige hoy una profunda reelaboración conceptual. ¿Desarrollo para quién? ¿Desarrollo definido por las necesidades de expansión de los grandes conglomerados transnacionales, de los monopolios y oligopolios nacionales o por el bienestar de la población, del respeto a la identidad histórica de los pueblos y a su derecho a existir como tales? La crisis climática y de la civilización occidental contemporánea, obliga a repensar el propio significado del desarrollo, incorporando el imperativo ecológico, la diversidad cultural y la reproducción ampliada de la vida.

Hay que agregar que, en un contexto marcado por la revolución científico-tecnológica, las nuevas ciencias y la centralidad del conocimiento, la soberanía no puede ser concebida al viejo estilo de la geopolítica clásica de inicio del siglo pasado: en términos territoriales y militares. Tampoco puede ser entendida como una soberanía Estado-centrista, como lo hizo la primera onda progresista latinoamericana del siglo XXI. La soberanía asume múltiples dimensiones, locales, nacionales, regionales, comunitarias, y desde diferentes perspectivas de ver el mundo y vivir en él. La dimensión civilizatoria asume así, su sentido más profundo que permite imaginar y dibujar los futuros posibles de nuestras sociedades.

El gran desafío regional no consiste en aumentar exportaciones de minerales considerados estratégicos, sino en construir capacidades soberanas de producción científica, desarrollo tecnológico, industrialización e integración productiva asociadas a estos recursos. Es decir, la soberanía sobre nuestros recursos naturales y bienes comunes continúa siendo fundamental, pero resulta insuficiente si no está articulada al dominio de capacidades tecnológicas, industriales, científicas y financieras capaces de transformar esos recursos en poder material, bienestar de nuestros pueblos y autonomía política.

La integración energética, la coordinación de políticas industriales, el desarrollo de infraestructura capaz de unir los centros de producción, transformación y consumo a partir de una malla multimodal intrarregional, la cooperación científica y tecnológica, la articulación de sistemas universitarios y centros de investigación, así como la creación de mecanismos financieros regionales, constituyen dimensiones fundamentales de cualquier proyecto latinoamericano orientado a transformar recursos estratégicos en capacidades efectivas de desarrollo soberano.

La llamada “economía verde” corre el riesgo de transformarse en una nueva fase de apropiación intensiva de recursos naturales estratégicos del Sur Global para sustentar procesos de transición tecnológica concentrados en las economías desarrolladas. Sin creación de capacidades locales para el desarrollo científico y tecnológico, el reconocimiento y fortalecimiento del conocimiento ancestral de los pueblos originarios de la región, en un proceso impostergable de legitimación social, sin estrategias y políticas industriales, sin la recuperación de la integración regional, América Latina podría quedar nuevamente confinada al papel histórico de exportadora de naturaleza y proveedora de insumos estratégicos para nuevos ciclos de acumulación global.

La disputa por el futuro

La transición energética contemporánea no constituye apenas una transformación técnica orientada a sustituir combustibles fósiles por fuentes renovables de energía. Expresa una profunda reorganización de las bases materiales, tecnológicas y geopolíticas del sistema mundial. La disputa por los recursos estratégicos revela, en última instancia, una disputa mucho más profunda: la disputa por el control de las condiciones materiales del futuro.

Pero la transición energética abre simultáneamente una posibilidad y un riesgo para la región: la posibilidad de construir nuevas estrategias de integración regional, industrialización y soberanía tecnológica o el riesgo de consolidar nuevas formas de reprimarización subordinada a las necesidades industriales de las grandes potencias. El aumento exponencial de la demanda mundial de minerales estratégicos para la transición energética y descarbonización de la economía mundial, cuyas principales reservas están en América Latina, nos coloca frente a un horizonte de devastación ambiental ampliada, que es también una devastación social y humanitaria, pues impacta directamente a las comunidades que viven en los territorios donde se concentran las actividades extractivas o que dependen de las condiciones materiales para la reproducción de la vida, y que son gravemente impactadas por la gran minería.

En realidad, a partir de la visión unilateral desde la que está siendo propuesta la transición energética, que produce productos limpios (vehículos eléctricos, infraestructura para la producción de energía renovable) a través de procesos extremadamente marrones, se genera una gran paradoja: se está descarbonizando la punta del consumo en los países desarrollados y, al mismo tiempo, se está ampliando exponencialmente la devastación ambiental y destrucción de la naturaleza en los países y territorios que producen las materias primas y minerales estratégicos para los primeros. De esta forma, se destruyen también los principales ecosistemas y bosques tropicales que ofrecen un enorme servicio ambiental al capturar, naturalmente, gases de efecto invernadero imprescindibles para aproximarnos a la neutralidad climática. La destrucción de la floresta amazónica, a través de tecnologías de minería que no se usan más en ningún otro lugar del planeta por su alto poder de contaminación, significa la destrucción del principal ecosistema que brinda un enorme servicio ambiental no sólo a los países amazónicos, o a América del Sur, sino al planeta como un todo, como ecosistema complejo y planetario.

La disputa por los recursos estratégicos es, en definitiva, una disputa por el futuro. Y el lugar que América Latina ocupará en la nueva configuración del sistema mundial dependerá de su capacidad de transformar la enorme riqueza natural de la región en fundamento material de soberanía, integración y construcción de un horizonte civilizatorio propio.

Ver en línea La disputa por el futuro: transición energética, paradigmas tecnológicos y recursos naturales

Las opiniones y conslusiones expresadas en el siguiente artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la posición del CETRI.

Leer mas ...

¿América Latina es la excepción?

Trump refuerza el control imperial de América Latina, en contraste con las adversidades que afronta en el mundo y en su propio país. Militariza la región con el pretexto del narcotráfico sin (…)

Perú: Keiko Fujimori, presidenta por desgaste

Los resultados electorales muestran un país partido donde Lima y algunas ciudades principales llevan la batuta de lo que debería ser lo correcto, mientras que hay 18 regiones que aún gritan y (…)

El Sur no puede decir no. Eso se llama dominación, no desarrollo

En 2023, el gobierno argentino firmó contratos de extracción de litio con empresas multinacionales por valor de miles de millones de dólares. En Chile, el cobre sigue saliendo a un ritmo que (…)

Cuba y la lógica del depredador

Cortar las concesiones en rebanadas tan finas que la víctima nunca perciba el momento en que debe decir «basta» (Zbigniew Brzezinski). Si Cuba colapsara mañana —y el verbo «colapsar» ya no es (…)

EE.UU. es una amenaza para sus vecinos

Multilateralismo y unilateralismo El país del norte extiende sus tentáculos sobre lo que considera su zona de influencia. Estados Unidos avanza en todos los frentes para someter a los (…)

Con la crisis en Bolivia, el ciclo conservador en América Latina ya muestra señales de fragilidad política

El avance de los sectores conservadores en América Latina podría enfrentar mayores límites políticos y electorales de los previstos inicialmente por parte de algunos analistas regionales. De (…)

La alternancia contra la soberanía

Si Latinoamérica no logra blindar un consenso mínimo sobre su propia existencia, seguirá siendo el escenario de juegos de guerra ajenos o, a lo sumo, el almacén de materias primas del Norte En (…)

Trump y el laberinto cubano

Cuba vive días muy difíciles como resultado de la agresión trumpista y el acumulado de problemas internos que no ha logrado ser resuelto dentro de los marcos sistémicos. El mes de mayo arrancó (…)

Trump busca convertir América Latina en el paraíso de los inversores

La administración Trump está forzando a los gobiernos latinoamericanos a someterse a tribunales de arbitraje que otorgan a las multinacionales el extraordinario poder de demandar a los Estados que (…)

Escudo de las Américas: Trump Estrecha el Cerco contra Cuba

Luego de la cumbre presidencial con Donald Trump del 7 de marzo, en la que se conformó la coalición de derecha Escudo de las Américas, finalmente quedó conformado el cerco contra Cuba. Rodrigo (…)