Zapatismo : la rebelión que persiste

Considerada “identitária, revolucionaria y democrática”, la rebelión de los indígenas zapatistas en Chiapas lucha “por la dignidad” y “contra el capitalismo”. Veinte años después del levantamiento del 1 de enero de 1994, ellos todavía están allí, tenaces y evolutivos en su perfil y en su relación con la política. Sin embargo, el contexto no les sonríe. Y la “autonomía de hecho” que construyeron en sus territorios sorprende por su celo como por su precariedad.

¿Quién lo hubiera pensado ? ¿Quién podría haber predicho en el período inmediatamente posterior al levantamiento indígena maya del 1 de enero 1994, que dos décadas después, la rebelión zapatista en Chiapas todavía sería capaz de demostrar su voluntad, de movilizar a sus bases, de exponer su originalidad y de alimentar su eco internacional ? Pocos, muy pocos observadores en realidad, contrariamente a varios familiares o cercanos de los insurgentes – como las organizaciones sociales locales - que desde el inicio de hecho insistieron con respecto a que el proceso en el que se inscriben las acciones de los rebeldes sería de muy largo plazo. Incrédulos, los observadores impacientes - incluso el autor de estas líneas - apostaron por los fundamentos de la sociología de los movimientos sociales y, en particular, la inevitable fase de desmovilización, de salida, de reflujo que tiene que experimentar, en el corto o mediano plazo, cualquier acción colectiva conflictiva, que tuvo éxito o fue reprimida, institucionalizada u hostigada, neutralizada o recuperada, tolerada o minada por sus adversarios.

Olvidémonos de las predicciones deterministas, los zapatistas siguen ahí, obstinados. Y añaden, por lo tanto, una nueva dimensión a la naturaleza atípica de su rebelión : la sostenibilidad, la perseverancia, etc., sin comprometer nada que pueda llegar a erosionar, como en el caso de muchos movimientos clandestinos o revolucionarios a largo plazo, su legitimidad y su integridad. Probablemente las filas del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) son menos numerosas de aquellas que existían en 1994, pero la impresionante demostración de fuerza del “día del fin del mundo” - durante el solsticio de invierno de 2012 en el cual más de 40.000 zapatistas enmascarados ocuparon pacífica y silenciosamente cinco ciudades de Chiapas [1] - y especialmente la “autonomía de hecho” que los rebeldes ejercen diariamente desde hace más de diez años sobre importantes fragmentos de un territorio del tamaño de Bélgica, dan fe de la resistencia del movimiento.

La efervescencia de los últimos meses (fines de 2013, inicio de 2014) ha restablecido la visibilidad del movimiento. De parte de las autoridades gubernamentales, a pesar de la importancia en la agenda nacional de la desastrosa “guerra contra las drogas” (Cetri, 2013), de la privatización del petróleo y de la corrupción del partido en el poder, tanto el nuevo Presidente de México como el nuevo gobernador del Estado de Chiapas anunciaron repentinamente “gestos de buena voluntad” y una “iniciativa de gran importancia” a favor de una “solución pacífica al conflicto” en Chiapas, por “el respeto del zapatismo” (sic) y para la “reactivación de los acuerdos de San Andrés sobre los derechos indígenas”, acuerdos firmados por el EZLN y el gobierno en 1996 , pero nunca traducidos en una reforma constitucional a la altura del compromiso. (Sipaz, 2014).

Del lado de los zapatistas, ellos no se quedaron atrás. El año 2013 estuvo marcado por el lanzamiento de un nueva y enésima dinámica abierta para los “zapatizantes [2] ” de todo el mundo, se llama la “Escuelita zapatista”, que hasta la fecha ha ayudado a más de 5.000 “estudiantes” del resto de México o del extranjero, para sumergirse durante una breve semana en la realidad cotidiana de las familias rebeldes y aprender, por lo tanto, dentro de los éxitos y fracasos de su “autogobierno” plenamente participativo y ferozmente independiente. Paralelamente, el EZLN también ofreció en 2013 un espacio para relanzar el “Congreso Nacional Indígena (CNI)” en defensa de los pueblos originarios de México en su lucha contra la acumulación agroindustrial, minera, energética o turística en sus territorios. Finalmente, los últimos meses han sido marcados por las celebraciones en cascada del triple aniversario de la rebelión : los diez años de la autonomía de hecho, los veinte años del levantamiento armado, los treinta años de la fundación del EZLN. [3]

Triple aniversario

Efectivamente es en noviembre de 1983 que un puñado de guerrilleros de las Fuerzas de Liberación Nacional (FLN) [4] , al cual se unió durante el año siguiente un universitario citadino que se convertirá en el “subcomandante Marcos”, formó en las entrañas del Estado de Chiapas el “Ejército Zapatista de Liberación Nacional", con la intención, al estilo guevarista, de “encender” la revolución. Marcos y sus compañeros sin embargo no “trabajaron” solo junto a los Mayas, tzotziles, tzeltales, tojolabales, choles de la región. Los animadores sociales muy comprometidos de la diócesis católica de San Cristóbal de Las Casas, cuyos límites coinciden exactamente con la actual zona de influencia de los zapatistas, también realizan su trabajo entre los pueblos indígenas desde hace muchos años.

Diez años más tarde, armados con estas múltiples influencias, pero frustrando sus proyectos de emancipación por el autoritarismo de una élite local racista y por los efectos de la liberalización de la economía mexicana, la caída de los precios del café y la reforma constitucional de 1992 que acabó con toda esperanza de reforma agraria, sectores importantes de la población indígena de Chiapas se levantarán en armas (con los medios a su alcance, a menudo viejos fusiles) en las principales ciudades de la región. “Democracia, libertad, justicia !”. Y es el mismo día de la entrada en vigor del Acuerdo de Libre Comercio de Norteamérica (TLCAN), que abre las riquezas de México a los Estados Unidos y Canadá. Pero el golpe zapatista de la noche del 31 diciembre 1993 al 1 enero 1994 no durará. Fuertemente reprimidos, los indígenas insurgentes se replegarán de forma rápida y volverán a sus pueblos. Luego comienza un largo proceso de militarización de la región por parte de las autoridades, de negociaciones ambiciosas y suspendidas y de movilización pacífica del EZLN con repercusión mundial.

Diez años más tarde, en agosto de 2003, decepcionados, incluso traicionados por la falta de aplicación de los Acuerdos de San Andrés [5] , los zapatistas hacen pública la creación de sus propios organismos de autogobierno, radicalmente impermeables a las instancias e intervenciones del Estado, al “mal gobierno”. Esta es la “autonomía de hecho”, aquella que la Constitución no reconoce. El “mandar obedeciendo”, aquí y ahora. La práctica política experimentada en los pueblos zapatistas rechaza cualquier forma de “confiscación” del poder, el abandono de la soberanía en las estructuras colgantes. Ella se organiza en la rotación continua y la revocabilidad inmediata de todos los mandatos, de todos los “cargos” en que a su vez los delegados indígenas - hombres y mujeres - asumen voluntariamente dentro de los cinco “Consejos de Buen Gobierno – Caracoles”, donde se administra la autonomía educativa, sanitaria, jurídica, y en la medida de lo posible, productiva y comercial de las comunidades rebeldes. El saldo que hoy destacan los propios zapatistas es más bien positivo : a pesar de las muchas dificultades no eludidas, la “vida feliz” y la dignidad recuperada ayudan para hacer frente a “la muy lenta mejora de las condiciones materiales”. [6]

Triple originalidad

Toda la originalidad, la fuerza y la debilidad de la rebelión zapatista residen en el progreso y en las realidades que remite este triple aniversario. Una vanguardia revolucionaria leninista a la manera clásica dando lugar a una revuelta indígena masiva, determinada, casi suicida, que a su vez, de acuerdo a las circunstancias, a las relaciones de fuerza, de los encuentros “intergalácticos [7] ” con autobuses llenos de “ciudadanos del mundo”, se va a manifestar como un movimiento a la vez abierto y autónomo, radicalmente democrático y profundamente identitário, mexicano nacionalista tanto como étnico y alter-mundialista ! La originalidad de la rebelión está ahí : una dinámica hecha de rupturas y continuidades, una guerrilla que ya no es una y que asume su pasado sin reducirse a su filiación. En otras palabras, el perfil atípico -y bastante atractivo- del movimiento zapatista se sitúa precisamente en este intento de articular elementos hasta entonces opuestos o ausentes en la historia de las luchas. Y en las tres principales dimensiones constitutivas de un movimiento social : su aspiración, su identidad, su repertorio de acción.

La aspiración zapatista renueva y combina en efecto, a diferencia de los movimientos revolucionarios centroamericanos anteriores, la agenda de la redistribución y del reconocimiento. Articular la justicia social y el respeto a las identidades culturales, el ideal, ahora universal, es a la vez ético y político. “Somos iguales porque diferentes”. A las primeras demandas de los zapatistas, inmediatamente materiales -“la tierra, un techo, la alimentación, el trabajo, la salud, la educación...”- se levantan luego otras reivindicaciones generales, el objetivo de “la dignidad” social y cultural. Si la nueva perspectiva emancipadora del proyecto se combina de este modo con la afirmación de la diversidad identitária, la misión histórica socialista y tercer-mundista de igualdad entre los grupos sociales y entre los pueblos, se sustenta también en el antiguo registro republicano de la democracia política, de la ciudadanía y de la libertad, y por último añade otros acentos inesperados : la preocupación del sujeto, del estatus del individuo en la colectividad y de su emancipación ; la reivindicación de la igualdad entre los hombres y las mujeres ; la conciencia ecológica de los límites del progreso...

En el mismo sentido, la rebelión zapatista también se estructura en varias referencias de identidad, antaño confrontadas o ignoradas. Estas referencias son sociales o “clasistas”, culturales o étnicas, pero también territoriales, geográficas, políticas o de género. Campesinos explotados o excluidos, indígenas discriminados, Mayas instrumentalizados, Chiapanecos olvidados, Mexicanos de segunda clase, “ciudadanos del mundo” marginalizados, mujeres dominadas, etc., los zapatistas multiplican sus anclas - locales, nacionales e internacionales - sin oponerlos. Suficientemente identitários para no diluirse, suficientemente abiertos y universales para no replegarse. Las raíces de las comunidades indígenas temperadas del cosmopolitismo de la pluma del subcomandante Marcos. Autonomía sin separación, integración sin asimilación. El estandarte de la lucha (la estrella roja sobre un fondo negro) y la bandera nacional (el emblema tricolor mexicano) están yuxtapuestos y omnipresentes en los actos públicos de los Mayas enmascarados de Chiapas.

Por último, el repertorio de la acción de la rebelión zapatista se basa también en modos y formas de organización en tensión. La cultura democrática, participativa, horizontal experimentada en las comunidades rebeldes no ha desplazado todos los reflejos autoritarios, centralizadores o verticalistas, especialmente en el Ejército zapatista como tal. El mismo discurso posee acentos más normativos o más desenfadados, dependiendo de las circunstancias. Si bien existen nuevos medios de acción y formas de expresión y movilización - reticulares, simbólicas, creativas, mediáticas - también es palpable en las acciones zapatistas, las posturas más clásicas, masivas, físicas y jerárquicas que permanecen presentes en el movimiento, lo cual no se debe confundir con el dogmatismo, el militarismo y el vanguardismo de las pasadas guerrillas con las cuales tiene la intención de distinguirse. La relación con lo político del EZLN también se ha diseñado en las dos últimas décadas en torno a tradiciones más bien antagónicas, a veces más jacobina, a veces más autogestionaria. Volveremos sobre este punto más adelante.

Es sobre esta base que la rebelión zapatista triplemente original ha sido presentada, con razón, como un movimiento a la vez “identitário, revolucionario y democrático !” En las movilizaciones de protesta en todo el mundo, esta aleación no crece en los árboles. Y da a los zapatistas su perfil descomunal, evolutivo, tal vez sin precedentes. También explica, sin duda, una gran parte de su resonancia mundial, y su papel a finales de los años 1990, como pionero de una nueva “Internacional” plural, conocida como “alter mundialista”. Impregnado con una cultura cristiana emancipadora, de un espíritu libertario, de claves de lectura marxista, de idearios de igualdad de género, de preocupaciones medioambientales y de referencias mayas, el “coctel zapatista” siempre sienta bien con una amplia gama de activistas de diversas tendencias. Indignados, anarquistas, católicos progresistas, indigenistas, autónomos, socialistas, culturalistas, feministas, comunistas, ecologistas, etc., cada uno reconoce su “sabor” favorito, escondiendo o ignorando lo que desagrada o lo que no tiene sentido en su propia capilla [8].

Triple debate

Muchos aspectos de la rebelión zapatista merecen ser examinados cuidadosamente. Si, en dos décadas, numerosos trabajos de calidad se han dedicado a estudiar las causas y condiciones de la emergencia del movimiento, así como su discurso, el significado y el alcance del zapatismo [9] , varias dimensiones importantes de la dinámica de los rebeldes se mantuvieron relativamente menos cuestionados hasta la fecha. A veces por razones obvias de factibilidad, a menudo se corre el riesgo de dejar prosperar las “verdades” de los detractores - mediáticos y políticos - del EZLN. Esto es cierto tanto para el funcionamiento interno de la rebelión (sus maneras de operar la cohesión, la unificación, la inclusión y la exclusión, de legitimar y delimitar el liderazgo cotidiano, de organizar el trabajo social, político y simbólico de identificación y de (re)definición), como en las relaciones del EZLN y sus “bases de apoyo” con el exterior, inmediato o menos próximo, indígenas y no indígenas, desde el levantamiento hasta hoy.

Por falta o casi [10] , nos limitaremos aquí a discutir tres cuestiones claves en el debate sobre el zapatismo, tres cuestiones que son fuentes de controversias y que se refieren precisamente al sentido y al destino de la rebelión. La primera presente desde el 1 de enero de 1994 y actualizada desde entonces periódicamente por los detractores del movimiento, se refiere a la supuesta heteronomía, a la pretensa instrumentalización de los indígenas por parte de un impulso y un comando externo. La segunda se refiere a la relación con la política del EZLN, su concepción del Estado y las formas privilegiadas de cambio social. Finalmente, un último toque sobre la fertilidad y la viabilidad - social, política, económica - de las experiencias del autogobierno zapatista que se encuentran en curso en las áreas de influencia de la rebelión.

Demagogos irresponsables e hijos descarriados

La idea de una revuelta indígena impulsada por un grupúsculo de revolucionarios profesionales no indígenas es una historia vieja. Inmediatamente después de la insurrección de 1994 hasta hoy, del lado del poder, como cierta prensa y ciertos intelectuales más o menos al tanto, se pronunció la sentencia, reformulada y adaptada al medio : obligado por fuerzas exógenas, el movimiento indígena no tiene legitimidad. La supuesta “extranjería” de su dirección sería suficiente para socavar su credibilidad. En 1994, tanto el obispo “cristo-marxista” local, Samuel Ruiz, como el subcomandante Marcos y sus camaradas “internacionalistas de la extrema izquierda” fueron apuntados como los culpables. “Las comunidades indígenas han sido engañadas por un grupo de demagogos irresponsables. ( ... ) Ni indígenas, ni campesinos”, escribió el 7 de enero en El País el Premio Nobel de Literatura mexicano, Octavio Paz. Reducidos a la condición de niños extraviados, los Mayas no pueden ser considerados culpables (ni capaces !) de tal rebelión.

En febrero de 1995, el presidente Ernesto Zedillo ratifica también el refrán para justificar el intento (fallido) de arresto del subcomandante Marcos. “Los objetivos del EZLN no son ni populares, ni indígenas y no tienen raíces en Chiapas”. Seguidamente, varios libros serán publicados con la tesis de una población indígena bajo la influencia - de activistas guevaristas y animadores diocesanos, confundidos o rivales - y más tarde, de un divorcio entre las realidades internas de la rebelión y su discurso externo. También es, esencialmente, la teoría de “la genial impostura” (Rico y de la Grange, 1998) o del “arte de la ventriloquia” (Pitarch, 2004) del subcomandante Marcos, aquel cuyo liderazgo, cuidado carisma y marxismo acomodado le permiten manipular los títeres indígenas a su voluntad, con los correspondientes ajustes tácticos y estrategias adaptativas. Hoy, en 2014, la socióloga Legorreta, entre otros, insiste sobre el mismo tema, haciendo hincapié en la fractura entre el proyecto “político” anti-capitalista impuesto por la dirección del EZLN y la agenda “social” indígena que quedó relegada (Proceso, 2014).

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¿Manipulados, los indígenas zapatistas ?
Claude Duterme, 1997

Ciertamente, sería ilusorio defender la idea de una gestación totalmente aislada de la rebelión zapatista. Por supuesto, el uso de las armas el día 1 enero de 1994 no era inevitable y no puede ser considerado como un simple efecto mecánico de situaciones de explotación y discriminación. Ello no figuraba en la perspectiva del movimiento de emancipación vigente en el mundo indígena. El llamado a la insurrección, incluso en tiempos de crisis y de represión, no habría tenido tal impacto si él no hubiese tocado a aquellos grupos sociales ya movilizados, lo que fue posible sólo a través de mediaciones sociales y religiosas y de intervenciones politizadas. Por supuesto, una vez más, el papel del líder militar y “portavoz” Marcos ha sido durante estas últimas dos décadas, central y decisivo, tanto internamente como en la redefinición o la “indefinición” externa del zapatismo, en el cuasi-monopolio de la palabra rebelde [11] y principal foco de atención. Lo cual él mismo reconoce -y dice deplorar- en varias entrevistas (Castellanos, 2008).

Sin embargo, reducir la realidad y el significado de esta rebelión de largo plazo y desconocer toda legitimidad o responsabilidad a esta dinámica indígena masiva - de contestación, de afirmación y de proposición - considerándola únicamente como el juguete consciente, alienado o víctima de un puñado de “demagogos irresponsables” caídos del cielo, es dejarse engañar por la miopía sociológica, por el racismo o el culturalismo, o por el interés político… para justificar respuestas equivocadas a verdaderas demandas sociales de justicia, de libertad y de democracia. Esta lectura equivale también a no tomar en cuenta la capacidad de acción sobre su propia historia, de campesinos indígenas en ruptura, muy alejados de la figura congelada del indígena maya “auténtico” de tarjeta postal. Por último, significa ignorar o al menos no comprender sus capacidades para instrumentalizar, adoptar o adaptar a sus propias necesidades, programas y prioridades, influencias, contribuciones y dependencias de las que son objeto (o más bien “sujeto”).

¿Contra, con o sin ?

La relación con la política del EZLN y las vías del cambio social promovidas por la rebelión, también cambiaron significativamente en los últimos veinte años. Esencialmente a merced de las fluctuaciones, avances y retrocesos en la relación de fuerza con el gobierno mexicano, pero también en función de la respuesta (o no respuesta) de las izquierdas sociales y políticas nacionales [12] , del diálogo con la intelectualidad progresista, marxista o indianista, y del eco internacional de las diferentes formas de la lucha zapatista. Está claro que el EZLN transita así, en dos décadas, de la prevalencia de una tendencia más “estatista” al predominio de una tendencia más “autonomista”.

La primera, centralizadora y de inspiración marxista-leninista en el caso que nos ocupa, establece una relación jerárquica entre partidos políticos (arriba) y movimientos sociales (abajo), y aspira, si no al derrocamiento o la conquista del poder del Estado, al menos a la expresión partidaria de las luchas, condición de la eficacia política, “por lo alto”, de las movilizaciones sociales. La segunda, más horizontal y de inspiración anarcosindicalista y libertaria, rechaza la idea de la delegación - separación, despojo, concentración - del poder y, por lo tanto, toda forma de mediación o de representación establecida. Ella privilegia la “territorialización” y el desarrollo de prácticas autogestionarias, “por abajo”, hic et nunc. Una procede en nombre de una cierta fetichización de la “supremacía del Estado”, la otra de la “pureza de lo social”.

En un esfuerzo constante - y vital ! - de reformulación de la agenda política de la rebelión en función de las “ventanas de oportunidades” que se abren y se cierran, el EZLN ha transitado también paralelamente a este deslizamiento estatista-autonomista, del ideario revolucionario inicial “por el socialismo” en México, a un apelo a partir de enero de 1995, hacia la creación de un “Movimiento de Liberación Nacional”, luego a la afirmación y defensa de la “dignidad indígena”, o en la década de 2000, a la creación de redes de resistencia “anticapitalista”, “abajo a la izquierda” dentro del territorio nacional y más allá. [13] El “rechazo” de la conquista, militar o electoral, del poder del Estado y el viraje autonomista del EZLN debe considerarse más bien como el resultado de un camino táctico o como un producto circunstancial, o accidental, que como un elemento ideológico “en si” del zapatismo. Al contrario de cualquier perspectiva esencialista, Daniel Bensaïd afirmaba con razón que : “los zapatistas dicen que no quieren, lo que de todos modos, no podrán alcanzar. Están haciendo de la necesidad una virtud” (2003).

Amaury Ghijselings, activista altermundialista belga quien participó en la Escuelita zapatista en Chiapas en enero de 2014, resume la evolución de la estrategia de transformación social del EZLN en tres palabras : “contra, con, sin” (Ghijselings, 2014). La loca declaración de guerra en 1994 “contra” el ejército y el gobierno mexicano, fue seguida de un primer período agitado de diálogo “con” la política, gubernamental y partidaria, y en el proceso, frente a los contratiempos e impasses de estos dos caminos, llego el momento de la retirada y la construcción de la “autonomía de hecho” en las comunidades indígenas, “sin” ningún contacto con el establishment, ni la ayuda o la intervención oficial de cualquier tipo.

La desconfianza zapatista con relación a la política y el poder como instrumentos claves de la revolución social, debe considerarse al final como muy relativa y con muchos matices : en primer lugar, porque está acompañada por un compromiso reafirmado en torno a los conceptos de soberanía e independencia nacional frente a los intereses capitalistas e imperialistas supranacionales ; en segundo lugar, porque sobre el terreno “la experiencia de los ‘Consejos de buen gobierno’ es la confirmación más ilustrativa de un deseo de construir otras formas de organización política”, es decir, “de formas de autogobierno en el que separación entre gobernantes y gobernados se reduce tanto como sea posible”, pero sin eliminar el vínculo de “verticalidad” o relación de poder entre las autoridades y los administrados y, menos aún entre el EZLN en tanto que estructura político-militar y sus “bases de apoyo” zapatistas (Baschet, 2014).

La viabilidad de la autonomía zapatista

Por fuerza de las circunstancias, el ejercicio de una “autonomía de hecho”, no reconocida legalmente, en las áreas de influencia de la rebelión constituye pues, desde hace más de una década, el corazón de la lucha zapatista. Escuchando a los profesores indígenas de la Escuelita en enero de 2014, el autogobierno rebelde se refiere al método así como al objetivo de su lucha. Es a la vez un lugar conveniente para la experimentación práctica y “por las bases” de su proyecto de transformación social y el laboratorio de su emancipación política y cultural. En el glosario zapatista, “autonomía” ahora significa “libertad”. “La verdadera emancipación no es sino la auto-emancipación. (...) La experiencia que invita a redescubrir (...) este principio tan elemental como decisivo : nosotros somos capaces de gobernarnos a nosotros mismos” (Baschet, 2014).

Sin embargo, ¿es esto viable ? En un contexto económico, político y militar siempre hostil, ¿la dinámica zapatista es capaz de ganar terreno o, más modestamente, de reproducirse, de persistir, para el bienestar de sus principales protagonistas en su cotidiano, los pies en el barro, la cabeza y las manos en el trabajo ? Dos preguntas, más precisas, han circulado en Chiapas durante las celebraciones del décimo aniversario de los “Consejos de buen gobierno” y del vigésimo aniversario de la insurrección armada : “¿los zapatistas son más o menos numerosos que en 1994 ?” y “¿viven mejor ?”. Juzgadas como “demasiado cartesianas” o “típicamente occidentales” por algunos, estas dos interrogantes, sin embargo, han recibido respuestas diversas, a veces contradictorias, incluso dentro de las mismas filas zapatistas o entre los observadores “zapatizantes”.

El subcomandante Marcos ya respondió anticipadamente, en diciembre de 2012. [14] Gruesamente : “Sí, somos más fuertes que antes y sí, vivimos mejor”. Como él, los profesores y las familias de la Escuelita zapatista de enero 2014 han subrayado a menudo la fuerza, la determinación y la resistencia de la dinámica, sus avances en “dignidad” y sus logros concretos en el reparto del poder, en la educación, en salud, en justicia, en igualdad de género, en las actividades productivas y comerciales. Ellos también reconocieron y explicaron, como Marcos, “un montón de errores y muchas dificultades”. Ellos no escondieron tampoco que era “duro, exigente...”, que había que “ser paciente para mejorar las condiciones materiales” aun si no era “lo más importante”, que había habido “renuncias, disidentes, descontentos... algunos jóvenes que no resistieron las tentaciones del pueblo cercano... o los regalos del gobierno... o emigrar a los Estados Unidos...”, pero que también hubo “nuevos compañeros que se juntaron al movimiento”.

Existen pocas o casi ninguna cifra sobre el número real de zapatistas que viven actualmente “en autonomía”. La periodista Laura Castellanos, en base a “una fuente confiable cercana a la organización”, calcula en “más de 250.000” los que pueblan los veintisiete “municipios autónomos rebeldes –MAREZ” que todavía componen los cinco Caracoles zapatistas [15] , es decir, alrededor del 22% de la población indígena de Chiapas (El Universal, 02 de enero 2014). Otros observadores, no menos sensibles a la causa, hablan de 150 mil o hasta 100 mil rebeldes como máximo (incluso en fuertes centros de anclaje de la rebelión, ningún municipio puede presumir de ser 100% zapatista). La mayoría admite, en todo caso, que el movimiento ha tenido deserciones significativas, individuales o colectivas, especialmente en las comunidades que “ingresaron al zapatismo poco antes o inmediatamente después de 1994, impulsadas por el temor de ser atrapadas entre dos fuegos o por la esperanza de una victoria rápida” y que “salieron del zapatismo bastante fácilmente por no haber experimentado todo el proceso de politización” (Aquino Moreschi, 2014).

Poco analizada como tal y también apenas mencionada por los propios zapatistas en los cuatro “manuales” de la Escuelita zapatista dedicados al “autogobierno”, la viabilidad económica de los Caracoles y su carácter “anti-capitalista” plantea algunos problemas evidentes : auto-subsistencia agrícola débilmente diversificada, falta de tierra en una parte no despreciable de los municipios rebeldes, carencias indiscutibles en equipamientos e infraestructuras, independencia vis-à-vis del Estado, pero dependencia de una solidaridad internacional flotante y de canales de comercialización alternativos frágiles, inserción ambivalente en los mercados locales y regionales, etc. A todo esto, se añade la inyección masiva de capitales “asistencialistas” por parte de las autoridades de gobierno a los pueblos no zapatistas, a la atmósfera envenenada de acoso militar o paramilitar que sigue prevaleciendo en una dimensión variable, así como las tensiones y conflictos entre comunidades (por ejemplo, después de ocupaciones de tierras zapatistas por otras organizaciones sociales indígenas, más o menos estimuladas por el poder), hipotecando el futuro mismo del autogobierno de los rebeldes.

¿Rebelión media perdida o media ganada ?

Al aislamiento político relativo de los zapatistas y su peso militar insignificante, pero simbólico, es necesario añadir también, la vulnerabilidad social y económica de la rebelión en el contexto actual de Chiapas. Contexto caracterizado, tal vez más que nunca, por la “extraversión” del modelo de desarrollo dominante, a la cabeza del cual se encuentra la gran inversión privada nacional y transnacional (minera, de carreteras, turística, agroindustrial, petrolera, forestal) que ha suplantado claramente al gobierno local en tanto que adversario principal de los intereses vitales y territoriales de las diversas organizaciones sociales indígenas de Chiapas, zapatistas y otras. La correlación de fuerzas no es en la actualidad, menos desigual de lo que era hace poco más de dos décadas, el 1 de enero de 1994.

Entonces, ¿la rebelión está media perdida o media ganada ? Insurgentes por “la democracia, la libertad y la justicia”, los encapuchados de Chiapas no han logrado desde luego refundar la Constitución, descolonizar las instituciones para democratizar verdaderamente el país, y ni siquiera construir puntos de apoyo en la escena política mexicana, pero tanto a nivel local, nacional e internacional, ellos consiguieron imprimirle a las luchas campesinas e indígenas por la redistribución y la autonomía, una visibilidad y un alcance sin precedentes (Duterme, 2004 y 2009). Y tienen la intención de continuar haciendo fuerza sobre las relaciones de poder y los grandes “enjeux de société” en un México políticamente bloqueado y abierto a los vientos destructivos de la economía global. El zapatismo participa así plenamente de los movimientos indígenas en América Latina que, de abajo hacia arriba, representan la evidencia - débil por cierto - de que la movilización por el respeto de la diversidad no implica necesariamente choques identitários y puede ir de la mano con la lucha por la justicia social y el Estado de Derecho. El reconocimiento mundial, aun evanescente, de sus méritos alimenta y se nutre de su dignidad restaurada.


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Notes

[1Como recordatorio, los meses previos al 21 de diciembre 2012, una fecha que corresponde históricamente al final de un ciclo del calendario maya, impulsó al mundo hacia una serie de sobre interpretaciones apocalípticas y de profecías catastrofistas… comercializadas, las que también fueron ironizadas por los rebeldes zapatistas.

[2Palabra mote que designa a los simpatizantes de los zapatistas.

[3Ver “Cronología sumaria de veinte años de rebelión zapatista” en el libro Alternatives Sud, mencionado al inicio de este capítulo.

[4Grupo marxista-leninista clandestino fundado en Monterrey (Norte de México) en 1969, duramente golpeado por las autoridades en 1974.

[5Los Acuerdos de San Andrés, firmados por el gobierno mexicano y los comandantes rebeldes el 16 de febrero de 1996, se centraron en “los derechos y la cultura indígena”. Otros temas en negociación nunca tuvieron éxito. Se suponía que iban a estar en las dimensiones más políticas (democratización) y socioeconómica (redistribución) de las reivindicaciones zapatistas.

[6Observaciones formuladas en el Pleno por un maestro zapatista durante la sesión de la Escuelita zapatista en enero de 2014.

[7Nombre dado por Marcos en el “Primer Encuentro Intercontinental por la Humanidad y contra el Neoliberalismo”, convocado por el EZLN en Chiapas en 1996, el cual fue seguido por muchas iniciativas similares.

[8Este aspecto ha sido desarrollado especialmente en Indiens et zapatistes (Duterme, 1997) y, en lo que concierne a los enfoques más analíticos del zapatismo, en el trabajo colectivo El EZLN y sus intérpretes. Resonancias del zapatismo en la academia (Duterme, 2011). Las principales lecturas sociológicas del EZLN (de inspiración marxista o tourainiana), en lugar de analizar esta articulación frágil y evolutiva de nuevas y viejas formas de acción, tienden a sobreestimar uno de los dos polos, hasta condicionar su visión sobre el zapatismo : de un lado, al considerarlo exclusivamente como una expresión de relaciones de clase y focalizándose sobre las formas de explotación socio-económica ; del otro lado, absolutizando su carácter innovador, en ruptura con la herencia guevarista y centrándose sobre las formas de discriminación cultural. Como si la rebelión adquiriera sentido solamente a partir de su reducción a determinados formatos y referencias teórico-políticas.

[9Por ejemplo, en orden cronológico, Monod (1994), González Casanova (1995), Le Bot (1997), Harvey (1998), Montemayor (2001) Baschet (2005), Matamoros et al. (2012).

[10Ver especialmente los muy interesantes trabajos (relativamente recientes) de A. Aquino Moreschi (2014) y de B. Baronnet, M. Mora y R. Stahler-Sholk (2011), basados en un trabajo de investigación realizado en las propias comunidades indígenas zapatistas y de análisis del cotidiano del régimen rebelde de la “autonomía de hecho”.

[11Palabra a veces solemne, alusiva, poética, marcial, literaria, irónica, política, seria, narcisista, abierta, intransigente o filosófica, dependiendo de las circunstancias y del estado de ánimo, pero palabra que no se puede confundir con los comunicados de los líderes indígenas del EZLN o de las autoridades rebeldes de los “Consejos de buen gobierno” (leer los innumerables textos del subcomandante Marcos- y otros- en ediciones impresas o en Internet, especialmente en el sitio www.enlacezapatista.ezln.org.mx o, en francés, en el sitio www.cspcl.ouvaton.org).

[12En este aspecto, con relación al fracaso de los diversos intentos de aterrizaje del zapatismo en la escena política nacional y sobre las causas del aislamiento político relativo del EZLN en las izquierdas mexicanas, se puede consultar especialmente Castellanos (2008), Duterme (2009), Houtart (2013).

[13Leer la interesante polémica entre Pedro Pitarch y Jérôme Baschet sobre “la sucesión de posicionamientos políticos” del EZLN versus “la asociación de dimensiones múltiples en equilibrios variables” (Problèmes d’Amérique latine, 2006).

[14“En estos años, hemos consolidado, y hemos mejorado significativamente nuestras condiciones de vida. Nuestro nivel de vida es superior al de las comunidades indígenas afines a los gobiernos de turno, que reciben las limosnas y las derrochan en alcohol y artículos inútiles. Nuestras viviendas se mejoran sin lastimar a la naturaleza, imponiéndole caminos que le son ajenos. En nuestros pueblos, la tierra que antes era utilizada para engordar el ganado de finqueros y terratenientes, ahora es para el maíz, el frijol y las verduras que iluminan nuestras mesas. Nuestro trabajo recibe la satisfacción doble de proveernos de lo necesario para vivir honradamente, y de contribuir en el crecimiento colectivo de nuestras comunidades. Nuestros niños y niñas van a una escuela que les enseña su propia historia, la de su patria y la del mundo, así como las ciencias y las técnicas necesarias para engrandecerse sin dejar de ser indígenas. Las mujeres indígenas zapatistas no son vendidas como mercancías. Los indígenas Priístas van a nuestros hospitales, clínicas y laboratorios, porque en los del gobierno no hay medicinas, ni aparatos, ni doctores ni personal calificado. Nuestra cultura florece, no aislada sino que enriquecida por el contacto con las culturas de otros pueblos de México y del mundo. (...) Todo esto se ha conseguido no solo sin el gobierno, la clase política y medios que los acompañan, sino que también resistiendo sus ataques de todo tipo”. (www.enlacezapatista.ezln.org.mx, comunicado del 30 de diciembre 2012).

[15Los cinco Caracoles, bases de las cinco “Juntas de Buen Gobierno” que administran los veintisiete municipios autónomos rebeldes (MAREZ) y, por lo tanto, cientos de comunidades locales zapatistas son : La Realidad, Morelia, La Garrucha, Roberto Barrios y Oventik.


P.-S.

La versión original (en francés) del presente artículo salió en el número de Alternatives Sud : Zapatisme : la rébellion qui dure, 2014/2, vol. 21, CETRI.


Les opinions exprimées et les arguments avancés dans cet article demeurent l'entière responsabilité de l'auteur-e et ne reflètent pas nécessairement ceux du CETRI.