Cambio Climático

¿Pueden las sociedades contrarrestar la crisis ambiental y climática ?

No podemos resolver nuestros problemas con el mismo pensamiento que teníamos cuando los creamos. Albert Einstein

La segunda Cumbre de la Tierra en Johannesburgo 2002 acabó con los acuerdos de Desarrollo Sostenible suscritos en la primera Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro 1992. El Panel Internacional de Cambio Climático (IPCC) presentó en 2013 las evidencias de ese fracaso en contener el cambio climático : 1) las emisiones entre 1992 y 2012 aumentaron en 1 grado+, superior a la edad preindustrial ; 2) aún con acciones radicales de mitigación el planeta en 2025 llegará a 1.6+, luego, esos niveles de gases y calentamiento climático, sin importar las acciones que se tomen, no desaparecerán en 100 años ; 3) sin acciones radicales de mitigación entre el presente y 2025, el aumento del dióxido de carbono (CO2) producirá un calentamiento climático de 2.0+ desde 2050 en adelante, y ese calentamiento no cambiará en por lo menos otros 100 años.

Frente a esta situación, en 2015, el mundo adoptará los Objetivos de Desarrollo Sustentable (ODS), substituyendo los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) 2000-2015. El cumplimiento de los ODS es más dudoso que el de los ODM. Nuestra hipótesis es que los esfuerzos de los ODS, lejos de mitigar el calentamiento global, incrementarán las emisiones de gases, salvo que haya un despertar activo desde la sociedad capaz de transformar a sus estados y mercados.

El capital encima de la ciencia y la ecología

Los resultados descritos para 1992 y 2013 tienen que ver con decisiones tomadas en Johannesburgo 2002. Allí el capital venció a la ciencia haciendo incumplir la Convención Internacional sobre Cambio Climático y la Convención Internacional de Diversidad Biológica suscritos por 178 países en 1992. En Johannesburgo, Estados Unidos y la Unión Europea condicionaron su participación en la Cumbre a su declaración bilateral de no renegociar los acuerdos alcanzados en Monterrey (México) sobre la Ayuda al Desarrollo, y en Doha (Catar) sobre libre comercio. En 10 años el sueño de Río 1992 fue supeditado a las relaciones desiguales norte-sur y al comercio ; en Johannesburgo, detrás de las cortinas de los ODM, se violentó el primer principio de la Cumbre del Río : « Los seres humanos constituyen el centro de las preocupaciones relacionadas con el desarrollo sostenible.” Los mercados des-regulados gobernarían lo social, lo político y lo ambiental, sustituyendo así el corazón del cuarto principio de la Cumbre del Río : »Para alcanzar el desarrollo sostenible, la protección del medio ambiente debe ser parte del proceso de desarrollo y no puede ser considerado por separado.« En Johannesburgo emergió un nuevo paradigma para atender las crisis climáticas y ambientales : la alianza privada-pública supeditada a las transnacionales. La esencia de la desfiguración grotesca del cuarto principio yace en que sin cambiar las dinámicas de las empresas transnacionales de energía y de alimentos, esas empresas pueden proteger el ambiente bajo mecanismos de Pago por Servicios Ambientales (PSA) ; o sea, los mercados y los intereses individuales, y no las instituciones públicas, protegerían al ambiente. Más tarde, ese PSA evolucionó a programas de Reducción de Emisiones de Deforestación y Degradación de Bosques (REDD y REDD+) que usa incentivos mercantiles, fiscales y financieros para preservar la cobertura forestal. En consecuencia, aparecen empresas latifundistas verdes que acceden a los 30 billones de dólares comprometidos en Copenhague 2009 para 2010-2012 ; mientras iniciativas de bosque comunal en algunas reservas de Centroamérica, como la de Petén en Guatemala, se hallan empantanados en negociaciones interminables. Es decir, en el nuevo paradigma, el medio ambiente es eso, “medio” del »desarrollo" gobernado por los mercados, donde se negocia el deterioro del ambiente para un capitalismo verde.

En este contexto, los ODS van emergiendo, y dice Sachs : “Yo predigo que el desarrollo sustentable se convertirá en el principio organizador de nuestra política, economía, y hasta ética en los próximos años. De hecho, los gobiernos del mundo han acordado ubicarlo en el centro mismo de la agenda de Desarrollo post 2015 del mundo. Pronto ayudarán a guiar el mundo hacia una trayectoria más segura y más justa en el siglo 21.” Sin cambios en las relaciones de poder norte-sur y sin regular los mercados, ¿hay perspectivas para los ODS ? Al parecer Sachs peca de iluso. Habrá más discursos, pero los mercados seguirán organizando la economía, la política y la ética en Centroamérica.

Vía campesina e indígena, esperanza de mitigación del cambio climático

Este capitalismo global condiciona las políticas ambientales en Centroamérica. Por la vulnerabilidad de los PIB de cada país de la región ante los desastres naturales provocados por el cambio climático, el tema ambiental crecientemente se convertirá en el centro de la coyuntura en los próximos años. Otra vez los desastres vendrán desde afuera, tanto el cambio climático como la demanda vertiginosa del agua ; mientras bajo cualquier futuro, la riqueza forestal e hídrica de países como Nicaragua y Guatemala constituyen una oportunidad de negociación ante los ODS, para el cual habrá que hacer ajustes en el sistema político y económico con el fin de que éstas no sigan destruyendo la oportunidad de poner al ser humano y a las generaciones futuras como principios rectores del manejo de los bosques y recursos hídricos de Centroamérica.

Ante el cambio climático, que la IPCC 2014 confirmó como una amenaza para la misma sobrevivencia humana, una de las pocas señales de esperanza son las prácticas de las economías campesinas e indígenas de la región, enfrentadas a una coyuntura de economía dominante de mercados, donde EEUU, Unión Europea, Japón y China lidian con el cambio climático desde el capitalismo verde, y las empresas transnacionales dirigen ciertas reglas de control mundial. Ante esta situación urge que nuestras sociedades despierten, que las expresiones de contestaciones territoriales desde las familias indígenas y campesinas revelen sus contradicciones con los mercados, y que se hilen alianzas urbanas que potencien los movimientos rurales. Los 5 artículos que hemos publicado en esta Revista responden a ese desafío, y muestran cuatro rasgos fundamentales de la vía campesina (integralidad, asociatividad, prácticas de mitigación, e institucionalidad con capacidad de resolver problemas ambientales) que constituyen una perspectiva alentadora (y alternativa) para enfrentar fisuras y aperturas de transformación que la crisis climática global produce.

Primero, el campesinado desarrolla una visión integradora que combina economía, ecología y lo social para enfrentar a una ciencia al servicio de una ideología ambientalista del capitalismo verde ; esa ciencia ve a las familias campesinas como “deforestadoras ;” mientras en América Latina donde hay más árboles es en fincas de familias campesinas, y donde no hay árboles es en haciendas ganaderas o plantaciones de monocultivo (caña, soya, girasol, maní, arroz, palma africana). Segundo, el campesinado evita el individualismo porque se organiza en redes y cooperativas, las cuales son semillas de la economía solidaria que adversan la ideología del ‘descarte’ de organizaciones cooptadas por el mercado que ven a las familias campesinas como “individuales,” a sus fincas como “rubros” y a sus miembros como “mozos.” Tercero, en lucha contra el deterioro ambiental, diversifican sus fincas, trabajan agricultura orgánica, protegen ojos de agua, asocian y rotan cultivos, combinan actividades agropecuarias y no agropecuarias, y organizan turismo comunitario ; con estas prácticas aseguran la alimentación familiar y escalonan ingresos ; y con todo esto resisten al sistema de haciendas que mercantiliza la tierra y lo que hay en ella, maniobra las leyes ambientales y les despoja de sus tierras, organizaciones y de sus identidades. Cuarto, la institucionalidad tradicional (mediería, mano vuelta, esquilmo) de relaciones de colaboración entre las familias resiste a la institucionalidad del mercado que las mercantiliza.

Pasando a las prácticas indígenas, constatamos, donde hay bosque en América Latina hay pueblos indígenas, y en sus fronteras hay, y ha habido, violencia, no como expresión local (p.ej. indígena-mestizos) sino transnacional para acabar con esos bosques (ver : Mendoza, R y Kuhnekath, K., 2005, “Conflictos en La Costa : expresión de la transnacionalización de conflictos societales en Centroamérica,” WANI 41). Urge estudiar la gestión colectiva de esos recursos (árboles, bosques, agua…) (ver : Richards, M., 1997, Common Property Resource Institutions and Forest Management in Latin America," Development and Change, 2), entender los enfoques que los pueblos subyacen (ver : Mendoza, R., 2004, “Un espejo engañoso : imágenes de la frontera agrícola,” ENVIO 265), y estudiarlos desde el paradigma de no-equilibrio e inter-conectividad. Porque no resolveremos la crisis ambiental y climática con el mismo pensamiento (liberalismo y neoliberalismo) que la creó, sino con nuevas ideas partiendo de la vía campesina e indígena y recuperando la centralidad del ser humano.

¿Está sola la vía campesina centroamericana ante las empresas transnacionales ? La ruptura con el capitalismo por parte de movimientos autónomos e indígenas defendiendo la naturaleza en otros países de América Latina encuentra apoyo político en Bolivia y Ecuador, dónde la presión indígena campesina hace gobiernos más abiertos a adoptar controles ambientales, energéticos y sociales. No obstante, las posibilidades de América Latina ante el capitalismo salvaje de las empresas trasnacionales, ya inyectada en sus venas, requiere el que los países BRICS rompan sus acuerdos energéticos con EEUU-Emiratos e introduzcan políticas de control al capitalismo para contrarrestar el cambio climático. Esta posibilidad (sueño) de evitar la pesadilla de la desaparición de la especie humana de la faz de tierra, nos anima a abordar el cambio climático en Centroamérica desde su dimensión global y local, y a imaginar cambios profundos en la correlación de fuerzas. El reto es que la región configure su propia trayectoria en la globalización, donde la crisis climática y ambiental irá pesando cada vez más.


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