Brasil

Marina Silva candidata de Avina a la presidencia de Brasil

El próximo mes de octubre se celebran elecciones presidenciales a Brasil, con tres candidatas/os en lisa, una por el Partido del Trabajo (PT), Dilma Rousseff, otra por el Partido Socialista de Brasil (PSB), Marina Silva y un tercero, Aecio Neves, por el Partido Socialdemócrata de Brasil (PSDB).

Como es sabido, la muerte del que fuera inicialmente candidato por el PSB, Eduardo Campos, el 13 de agosto, en un accidente aéreo aupó a Marina Silva, su segunda, a ser la candidata a la Presidencia. A partir de este momento las encuestas han elevado su expectativa de voto y, se calcula, que en la segunda vuelta puede ganar las elecciones.

Una líder carismática controvertida

Troskista en su juventud, sindicalista con Chico Méndez, treinta años en el Partido del Trabajo, dieciséis de senadora por ese partido y cinco años de Ministra de Medio Ambiente con Lula, cargo del que salió en 2008, entre otras cosas, por oponerse a la política de concesiones de su gobierno a las empresas del agronegocio en la Amazonía, estos son algunos de los antecedentes de la candidata.

En 2010 va por su cuenta con un pequeño partido (el Partido Verde) como candidata a las presidenciales y obtiene 20 millones votos. Poco después deja el partido y en 2013 lanza uno nuevo, que pretende distinto de los convencionales, con el nombre de Red de Sustentabilidade (Rede) que no consigue poner en píe y, finalmente, en 2014 aparece como candidata a la vicepresidencia con Eduardo Campos en la candidatura del PSB para, finalmente, sustituirlo después de su trágico accidente como candidata a las presidenciales del próximo octubre.

Este perfil hace que los representantes del gran capital, aunque no la prefieran al candidato el centro derecha, el PSDB, ante sus posibilidades, se resignen a apoyarla frente a la candidata del PT, Dilma Rousseff, a la que tratan de desbancar.

Una candidata de la mano del gran capital “progresista”.

Marina Silva en sus propuestas de gobierno, en lo económico, no cuestiona el neoliberalismo [1]. Aunque dice priorizar las cuestiones de sustentabilidad, cuenta con el respaldo de los sectores del gran capital que buscan modernizar el capitalismo, como es el caso del Consejo de Empresas Brasileras por el Desarrollo Sostenible (CEBDS). Esta organización dice sí misma [2] : “Establecida en 1997, BCSD Brasil integra la Red Global de la WBCSD , representa aproximadamente los 50 grandes grupos empresariales con ingresos equivalentes al 40% del Producto Interno Bruto nacional (PIB) que se crea alrededor de 600 mil directos y un número aún mayor de puestos de trabajo indirectos.

El BCSD misión Brasil es movilizar, levantar empresas de sensibilización y ayudar a integrar los principios y prácticas del desarrollo sostenible”.

Tiene, además, como principal financiadora a su amiga Tide Setúbal, millonaria cuya familia controla el mayor banco privado de Brasil y por su oposición a reestatización parcial de Petrobras, las acciones de la compañía subieron 6 puntos cuando se dio por segura su candidatura. En el acuerdo con el PSB para ocupar la candidatura a la presidencia ha tenido que aceptar como vicepresidente a Luís Alburquerque, que mantiene estrechos vínculos con al agronegocio y que como diputado impulsó ley que autorizó el incremento de cultivos de soja transgénica, alianza que casa mal con los motivos de su antigua dimisión como Ministra.

El Consejo Empresarial Mundial para el Desarrollo Sostenible (WBCSD), Stephan Schmidheiny y Avina

El Consejo Empresarial Mundial para el Desarrollo Sostenible (WBCSD), surgió en 1991 fundado por Stephan Schmidheiny, un magnate suizo, con motivo de la preparación de la Cumbre de la Tierra de la ONU de 1992. Después, Schmidheiny fue nombrado presidente honorario del WBCSD en 2000. Constituye una red global a la que pertenece la sección de Brasil que hemos mencionado más arriba y que apoya a Silva.

Schmidheiny, una de las persona más ricas del planeta, obtuvo su fortuna principalmente de la multinacional Eternit, la empresa que junto a otras seis más controló el negocio del amianto en el mundo durante todo el siglo XX. Esa fortuna, conseguida por él y su familia a costa de la vida de decenas de miles de trabajadores y sus familiares, le ha servido en parte para fundar y financiar Avina, una fundación que dice impulsar el desarrollo sostenible de América Latina. Al día de hoy pesa sobre él una condena de 18 años de cárcel por la muerte de más de dos mil personas en unas pocas fábricas que tenía en Italia, dictada por un tribunal de Turín en segunda instancia. Seguirán muchas más condenas pues son también muchos los damnificados con la industria del amianto, una de las más criminales del mundo y que el magnate suizo tenía por todo el orbe. Colaborar con Avina es apoyar a un genocida. [3]

Con Avina, Schmidheiny quiere seguir haciendo negocios con los pobres pero, sobre todo, cubrir sus crímenes con un disfraz verde a costa de desembolsar dólares. Por ello, coopta y se alía con líderes de la sociedad civil para obtener legitimidad y prestigio.

Entre sus aliados más consistentes se cuenta a Leonardo Boff y a Marina Silva, dos brasileños de mucho renombre.

Avina en sus páginas oficiales presenta a Marina Silva como una aliada suya. Por eso la promociona y la invita a eventos de prestigio, como hace con todos sus cooptados.

Por ejemplo, en diciembre de 2010 estuvo en el III Avina Global Workshop con motivo del COP 16 (Conferencia de las partes sobre Cambio Climático), en Cancún.

En diciembre de 2011, de nuevo, estuvo en el encuentro organizado por la fundación Avina en Durban con motivo de la COP 17, y en sus páginas era presentada como “ex candidata presidencial y aliada de fundación AVINA”.

En junio de 2012, Avina junto a Ashoka, la fundación a la que está ligada por lazos estratégicos, organizó un encuentro paralelo a Río+20 en la misma ciudad, llamado el Foro del Enprendedurismo Social, en el que estuve invitada Marina Silva como suele ser habitual.

Y en mayo de 2014, ya candidata a la vicepresidencia por el PSB, la fundación Avina le organiza un ciclo de conferencia por el continente en ciudades como Lima, Quito, Bogotá, La Paz, Buenos Aires y Montevideo.

De Marina Silva, por las relaciones con Schmidheiny, por la promoción que hace de ella, por el apoyo de las organizaciones empresariales de las que Schmidheiny es fundador, y por sus ideas actuales, se puede decir que es la candidata de Avina, no solo porque es la preferida del genocida si no porque cuenta con todo su apoyo y, caso de obtener la victoria, la seguirá teniendo como una aliada privilegiada.

En resumen, usando una sinécdoque podríamos decir que Marina Silva es la candidata del amianto a la presidencia de Brasil.

Después de que Schmidheiny apostara por el continente latinoamericano, allá por 2003 con la creación el fideicomiso Viva Trust, la financiadora de Avina, e hiciese unas importantes inversiones en su desarrollo y en la cooptación de los líderes de los movimientos sociales, parece ser que está a punto de recoger una suculenta cosecha. Si desde su creación se hubiese denunciado a Avina en sus pretensiones y en su naturaleza no se hubiese llegado tan lejos. En lugar de eso los movimientos sociales con líderes cooptados se han callado o, peor, han tratado de “matar al mensajero” en los contados casos de que desde dentro esto se ha producido.

Para los que siguen con Avina hay que advertirles que con el gran capital no se juega, y que todos las cientos de miles de víctimas del amianto están reclamando justicia y reparación.


Notes

[1Afirma que “el problema de Brasil no es su élite, es la falta de ella”.


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