Innovar ante la « rockonola social »

Los autores explican la importancia de implementar el enfoque de Medios de Vida Sostenible (EMVS) para sacar a las familias de la pobreza

“Las políticas pueden ser buenas, pero no resultan ; es como si ponemos una moneda a la rockonola, escogemos una canción y sale otra canción” (X. Gorostiaga sj, 1983).

¿Qué pasa con la “rockonola social” que transforma las políticas y hace que salgan incluso resultados indeseables ? La agencia de cooperación inglesa, DFID, la familia OXFAM, instituciones del estado, organizaciones como RUTA y el BANCO Mundial, han utilizado el enfoque de Medios de Vida Sostenible (EMVS), inicialmente propuesto por los académicos R. Chambers y G. Conway (1992, Sustainable rural livelihoods : practical concepts for the 21st century) y I. Scoons (Sustainable rural livelihoods, a framework for analysis), para hacer que las familias pobres salgan de la pobreza. ¿Puede este enfoque EMVS superar la “rockonola social” ? Apoyados en una experiencia concreta, en este artículo argumentamos que puede, pero bajo ciertas condiciones.

Los críticos del EMVS dicen que solo sirve para diagnosticar, que es iluso hacer que las familias participen en sus múltiples estrategias porque los proyectos y políticas se definen fuera de las comunidades. Otros dicen que hace que los pobres se empoderen. En Boaco, Chontales, RAAS y Rio San Juan, se ejecutó el programa FOMEVIDAS entre 2004 y 2011 con apoyo del gobierno de Finlandia y en el marco del entonces Instituto de Desarrollo Rural (hoy Ministerio de Economía Familiar, Comunitaria, Cooperativa y Asociativa), un programa que usó el EMVS como enfoque principal y se dirigió a las familias más empobrecidas que vivían donde “no hay letreros anunciando proyectos”. De esa experiencia los resultados fueron mixtos, casos exitosos, estancados y fallidos.

El EMVS reconoce las múltiples dimensiones de la pobreza y busca que las poblaciones empobrecidas obtengan mejoras duraderas para enfrentar la pobreza que ellas mismas identifican, que los organismos contribuyan a financiar y que otras organizaciones locales co-ejecuten, y que haya cercanía afectiva y efectiva entre diferentes actores. Mientras otros enfoques se centran en las carencias y en las necesidades de las familias, el EMVS supone una visión del desarrollo centrada en la persona, comienza con un análisis de sus medios de vida, sus puntos fuertes, sus distintos capitales (financiero, social, físico, humano y el natural) y de cómo éstos han ido cambiando ; involucra a las familias, respeta sus visiones y ayuda a identificar las múltiples influencias y sus estrategias.

Boaco, Chontales y gran parte de RAAS se caracterizan por su cultura ganadera –“la vaca echada”, lo llamó Rothschuh Tablada, escritor originario de Chontales. Cala hondo las relaciones asimétricas de poder entre los ganaderos, el campesinado, mozos y las familias indígenas ; es una rockonola social que sin importar quién pone “la moneda”, arrincona a las familias a los callejones entre las fincas y las carreteras, o en lugares marginales –sin agua y sin caminos. Estas familias se vuelven familias “intocables” excluidas por sus mismas comunidades –“no hay peor exclusión que la de la propia comunidad”, dijo un cooperante Finlandés. Ante esto, siguiendo el enfoque EMVS, el escuchar a las familias empobrecidas les despierta un sentido de que ‘valen’ : “soy pobre pero tengo dignidad, mi voz es parte de mi dignidad”. Escucharlos (“tocarlos”) es también dignidad.

El diagnóstico y las ideas de solución pueden quedar truncadas por esos “embudos del poder local-global”, por la naturalización de la pobreza en la mente de las mismas familias empobrecidas, y por los técnicos y consultores que crean muros entre “los que saben”, ellos y quienes ejecutan los proyectos, y “los que no saben”, las familias beneficiarias ; así cuando están en las comunidades se llaman uno al otro “ingeniero”, “licenciado” y “magistrado” (abogados), como código de diferenciación y autoridad, mientras en las oficinas esas mismas personas se llaman por su nombre.

Ante esto, ir a las comunidades y formular políticas según las demandas de las familias para expandir sus capacidades es un reto monumental, pues la tendencia es formular lo que la institución va a “regalar” (si es el gobierno central el “bono”, si es la Alcaldia el “adoquín” y si es la agencia de cooperación un “centro de acopio”), lo que está en el marco lógico, lo conocido por los técnicos y lo que va a ser evaluado. Luego del diagnóstico, retribuir las conclusiones y las demandas es un buen paso para que las familias durante la ejecución puedan reclamar. Más participan, más ejercen rol de auditoría social, más co-responsables son ; participar es aportar con ideas, mano de obra y asistir a reuniones sin cobrar como servicio ; corresponsabilidad es auditoría social a todas las instituciones.

Este proceso tiene potencial transformador. Cambia a los técnicos y a las familias ; el técnico se convence que hay información que solo las familias conocen (p.ej., sitios para construir pozos fuera de las áreas a donde llega el río durante el invierno) y una perspectiva crítica sobre la participación de las familias ayuda a discernir entre su voz y la impuesta como si fuera su propia voz. Ayuda a entender que por donde pasa el agua pasa la vida ; hace ver que en verano toda Nicaragua es camino, mientras en invierno buena parte del país es fangal ; sin camino el enfermo muere antes de llegar al hospital y las hortalizas se doblan en el camino. Interpela a las organizaciones e instituciones, que para cambios sostenibles en la vida de la gente se requiere de múltiples inversiones que a lo mejor no caben en un marco lógico, pero que son posibles con alianzas complementarias, reconociendo que una sola organización o institución no tiene la capacidad para transformar las realidades.

El enfoque EMVS no es la panacea, pero puede ser una buena herramienta si cumple tres condiciones. Primero, entender la ‘rockonola social’ como “maquinita” que distorsiona políticas y enfoques, y es espacio de disputa y negociación de doble vía, de realidades que se transforman y “canciones” (políticas y enfoques como el EMVS) menos inadecuadas. Segundo, invertir y monitorear el proceso de cambio de la ‘rockonola’ : inclusión de las familias “intocables” que descubren sus propias capacidades, y posibilidad de cambio del personal de las organizaciones al reconocer que aún las familias más empobrecidas valen, tienen algo que dar y enseñar. Tercero, confianza en la propia gente, de que las mismas familias gestionen (sus) recursos para reparar caminos, tener agua potable u organizar su sistema de crédito y ahorro ; esto requiere que las organizaciones maduren y traten a las familias como personas maduras, aceptando lo que hacen los pájaros que ni bien sus pajaritos tienen plumas los dejan volar y tomar distancia.

La innovación no está en el EMVS, pero en vincularlo con la ‘rockonola social’ bajo condiciones de entender su carácter dinámico, que el cambio es en las familias empobrecidas y en los organismos que trabajan con ellas, y en que hay que tener coraje para confiar en las familias “intocables”. De lo contrario, no importa si la moneda es de plata o de oro, la canción que elijas jamás resultará.


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