Bolivia : La decisión de Evo Morales

El presidente de Bolivia se prepara para disputar una tercera presidencia. Mientras, el país acentúa divisiones, los empresarios se enriquecen, el gasto público crece y la oposición no logra armar una estrategia electoral.

El primero de mayo pasado Evo Morales apeló a una medida de efecto de las que ya son clásicas en su gestión : la expulsión de la Agencia de EE.UU. para el Desarrollo Internacional (Usaid). Así, en lugar de nacionalizar alguna empresa estratégica, como lo venía haciendo cada día del trabajador desde 2006, buscó “nacionalizar la dignidad”. Además de denunciar que la agencia busca desestabilizarlo, el presidente rechazó así las declaraciones del secretario de Estado John Kerry quien usó la polémica expresión “back yard” (patio trasero) al referirse a América Latina.

La decisión de Evo, al tiempo de volver a distanciar ambos países –sin embajador desde la expulsión de Philip Goldberg en 2008– coincide con el comienzo de lo que será una larguísima campaña electoral. Aunque esperada, la reciente autorización del Tribunal Constitucional para que Evo Morales y Alvaro García Linera compitan por un tercer mandato es una suerte de campana de largada hacia los comicios de finales de 2014. Pese a que la Constitución de 2009 incluyó una cláusula transitoria que dice que el primer mandato (2006-2009) sí cuenta, el Tribunal opinó distinto : consideró que al haberse “refundado” el país, el período actual (2010-2014) es el primero de la era plurinacional. Morales suele burlarse de quienes lo acusan de querer perpetuarse en el poder : “primero dijeron ‘este indio no dura seis meses’, y ahora cambiaron por ‘este indio se quiere quedar 50 años’”, repite en cada acto.

Evo juega sus cartas

En la oposición se entusiasman con que el desgaste urbano de la popularidad de Evo Morales les abra la grieta por la cual comenzar a mostrar que es posible vencer a un presidente que ha hecho de cada elección una escalera hacia un poder mayor : si a fines de 2005 logró un inesperado 54%, en 2008 fue ratificado en referéndum con el 67% y en 2009 reelegido con un 64% que le otorgó una mayoría de dos tercios en el congreso.

“Las recientes movilizaciones en Oruro muestran que hay una erosión en el apoyo a Evo Morales”, señala la periodista radial Amalia Pando. Se refiere al movimiento que en marzo pasado impidió que el aeropuerto de esta ciudad altiplánica fuera rebautizado Evo Morales. Agrupaciones ciudadanas y sindicatos tomaron las calles y bloquearon las rutas con apoyo de la alcaldía para que la central aérea siga llamándose Juan Mendoza en homenaje al pionero de la aviación boliviana que hizo su entrenamiento en el Aeródromo Civil de Villa Lugano, en Buenos Aires. Pero no es evidente que alguno de los líderes opositores tenga la misma fuerza que el fantasma de Mendoza para derrotar a Morales, quien viene preparándose para la batalla desde un gobierno que maneja recursos inéditos en la historia boliviana. Otro hecho : los recientes bloqueos de la Central Obrera Boliviana, mostraron una cierta capacidad de la entidad sindical para convocar a mineros, maestros y trabajadores fabriles con un reclamo extremo : que las jubilaciones lleguen al 100% del salario en actividad. Evo Morales movilizó a los campesinos para defender al “proceso de cambio” y García Linera llamó a la COB “pandilla de trotskistas aliados a la derecha”.

“Luego de siete años el oficialismo carece de la excitante aura de novedad que lo rodeaba al principio del llamado ‘proceso de cambio’. Pero Morales tiene un gran capital acumulado que sin duda usará en su campaña reeleccionista”, dice el analista político liberal Fernando Molina, autor de El pensamiento boliviano sobre los recursos naturale s. Parte de ese capital se vincula con la economía. Los 14.000 millones de dólares de reservas son sólo un emergente de la mezcla entre buen contexto macroeconómico –favorecido por los altos precios de las materias primas– y una gestión prolija liderada por el ministro de Economía Luis Arce Catacora. Desde 2006 Arce cuida una caja que ha permitido la vuelta del Estado a la economía con grandes proyectos. Entre estos últimos hay tres que son claves en el armado político-simbólico del operativo reelección : un satélite de comunicaciones, un teleférico de transporte entre La Paz y El Alto, y una planta petrolera separadora de líquidos.

En diciembre de este año se lanzará desde el centro de Jiuquan el satélite Túpac Katari, construido en China con un costo de 300 millones de dólares. Más de sesenta ingenieros bolivianos fueron becados para estudiar en el país asiático por la Agencia Boliviana Espacial creada por Morales. Y más allá de la utilidad práctica del proyecto, se trata sin duda de una apuesta de alto impacto en un país con una estima nacional tradicionalmente baja. El nombre –que refiere al caudillo anticolonial aymara– es en sí mismo una buena síntesis de las inestables identidades indígenas que conjugan a geometría variable modernidad y tradición. En paralelo, el teleférico para conectar La Paz con la vecina El Alto, es una apuesta a la modernización práctica y la planta separadora de líquidos un resultado, según el gobierno, de las políticas de industrialización de hidrocarburos prometidas junto con la nacionalización de 2006.

Todo ello constituye una batería de acciones a las que se suma la reactivación de la reivindicación marítima con la presentación de una demanda a Chile en el Tribunal de La Haya. Se trata de obligar a Santiago a negociar una salida soberana al mar que reponga la “cualidad marítima boliviana”, perdida tras la Guerra del Pacífico a finales del siglo XIX. Ese “enclaustramiento” marcó a fuego la identidad nacional, y mantuvo a flote hasta hoy el trauma de la amputación del cuerpo de la nación. Mostrando una apertura inédita en su gestión, Morales convocó a todos los ex presidentes para elaborar una política de Estado y nombró al ex mandatario y jurista Eduardo Rodríguez Veltzé embajador plenipotenciario de Bolivia ante La Haya.

“Más plata que nunca”

La situación en 2013 está lejos de la de 2008 cuando “medio país” reclamaba autonomía y desafiaba al poder de La Paz. Hoy, la oposición sólo conserva las gobernaciones de Santa Cruz y Beni, y allí también el clima tiene poco que ver con el de los días heroicos de las luchas por la autonomía (ya incluida en la Constitución de 2009). El 22 de abril, por ejemplo, la ministra de Autonomías, Claudia Peña, presentó en Santa Cruz de la Sierra el nuevo Indice de Desarrollo Humano del PNUD y en las primeras filas estaban representantes de los empresarios cruceños y el secretario general de la Gobernación, Oscar Ortiz. Con todo, el gobernador Rubén Costas, con el partido “Los verdes” trata de erigirse en uno de los presidenciables. La tiene difícil : aunque Santa Cruz es hoy la ciudad más poblada de Bolivia, pocos imaginan que salga de ahí la alternativa a Evo.

“Las chances reales de la candidatura de Costas son a mi criterio muy reducidas, básicamente se limitará a aglutinar a los sectores ultraconservadores sobre todo del oriente boliviano”, analiza la politóloga y profesora universitaria cruceña Helena Argirakis. ¿Paradoja ? Los grupos de poder locales están golpeados políticamente y al mismo tiempo hacen excelentes negocios.

“Hoy, los miembros de la elite empresarial cruceña o se autoexiliaron por problemas judiciales o se dieron cuenta de que es muy lucrativo llevarse bien con el Gobierno. Quienes hace cuatro años no podían ni oír el nombre de Morales, hoy negocian titulación de tierras, créditos productivos, ampliación de frontera agrícola y suspensión de las restricciones para exportar soja”, explica el periodista y analista político Pablo Ortiz.

Es cierto que recientemente se han avivado las imágenes de 2009, cuando la policía entró al hotel Las Américas y mató a Eduardo Rózsa Flores, un cruceño que combatió en la ex Yugoslavia y que al parecer estaba organizando grupos de autodefensa armados contra Evo Morales. El llamado “caso terrorismo” golpeó con dureza a la dirigencia cruceña que quedó enredada en el acto subversivo. Unas supuestas grabaciones al fiscal del caso, Marcelo Sosa, complican ahora al gobierno. Del audio surge un manejo oscuro de la investigación con extorsiones, imputaciones a pedido del poder ejecutivo para sacar del juego a líderes locales, y acciones ilegales. Opositores como el periodista Carlos Valverde –autor de ¡Maten a Rózsa !

– creen que el novelesco personaje fue asesinado por la policía, y que las armas encontradas fueron sembradas por el grupo de elite que lo eliminó. Pero, sin embargo, el tema no logra encender la mecha de antaño.

“En palabras de Juan Carlos Urenda (ideólogo de las autonomías), los empresarios están haciendo ‘más plata que nunca’, por eso las elites cruceñas se están acomodando a la nueva época aunque ello no ha eliminado el racismo y conservadurismo que las caracteriza”, apunta Argirakis. En cualquier caso se logró lo que una vez exigiera Alvaro García Linera : que los empresarios se dediquen a hacer negocios y no política. “Lo que en el pico de la polarización de 2008 parecía un reclamo utópico del vicepresidente hoy se cumple a rajatabla y esta movida deja sin base económica a la oposición regional”, apunta Pablo Ortiz.

En el ámbito nacional, los intelectuales orgánicos de la oposición se dividen entre pesimistas y en “optimistas moderados”. El dilema, repiten, es ser Venezuela, donde el opositor Henrique Capriles le pisó los talones al oficialista Nicolás Maduro, o Ecuador, donde el presidente Rafael Correa apabulló a sus contrincantes. El espacio opositor es disputado por Samuel Doria Medina –empresario cementero y dueño de Burger King Bolivia–, el ex alcalde de La Paz, Juan del Granado –aliado de Morales hasta 2010 y líder del Movimiento sin Miedo, de centroizquierda–, y el gobernador Costas. “Durante la última década se ha producido en Bolivia lo que en términos marxistas cabría denominar revolución política, es decir, una sustitución de las elites políticas que fue bastante completa. Grupos de distinta extracción étnica, clasista y político ideológica reemplazaron a los estamentos políticos dominantes en el pasado”, explica Molina. Y allí residen las fortalezas del “evismo” como fenómeno político y social.

Si en 2005 Morales ganó apelando a la épica del cambio, hoy tiene en sus manos el aparato estatal en favor de la continuidad, mientras sigue cosechando un apoyo con pocas fisuras en las regiones rurales del país. Allí, el reparto de tierras, las obras públicas con el programa “Bolivia cambia, Evo cumple” y los bonos sociales, se suman a la identificación étnica con el jefe de estado, por primera vez “uno de los nuestros” para la inmensa mayoría indígena del país. Hoy el apoyo social a Morales se vincula además a la estabilidad económica, los procesos de movilidad social ascendente, y el hecho de que –pese a los conflictos– su gobierno garantizaría la paz social en mayor medida que sus críticos. La demanda interna creció de la mano de la expansión del gasto público, que pasó de 6.000 millones de dólares en 2005 a más de 20.000 millones en la actualidad. Hoy el Estado tiene 50.000 empleados más que en 2006 y la inversión pública se sextuplicó en poco más de media década.

Varios intelectuales que acompañaron el gobierno en sus comienzos se alejaron criticando su deriva pragmática. Algunos critican la concentración del poder, otros que se privilegia el desarrollismo y el estatismo en lugar de transitar caminos alternativos más centrados en el comunitarismo indígena. Sin duda, el discurso oficial se enfrenta a muchas tensiones : mientras se aprobaba la Ley de la Madre Tierra, Morales y García Linera criticaron en varias oportunidades al “ambientalismo colonial”, especialmente después que una serie de movilizaciones frenaran una carretera troncal que atravesaría el Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure.

Ese conflicto puso en tensión al nacionalismo indígena encarnado por el Movimiento al Socialismo (MAS), un partido que articula en su seno a variopintas identidades sociales y culturas políticas en complicados equilibrios sostenidos en el liderazgo carismático de Evo Morales, curtido en las arenas del sindicalismo campesino y buen conocedor de las aspiraciones, las prácticas y el “alma” de la Bolivia popular. Por eso le teme a la calle boliviana y suele retroceder cada vez que olfatea que una de sus medidas van a ser resistidas. Ocurrió con el “gasolinazo” de 2010 y pasó recientemente con un decreto que permitía al gobierno pagar pasajes y viáticos a familiares directos del presidente y vice, lo que fue criticado por violentar la política de austeridad oficial.

“Esos retrocesos tácticos hacen que la oposición no logre agarrarse de ninguna bandera estable para combatir al gobierno. Es el ‘mandar obedeciendo’ versión Evo Morales”, explica un asesor de comunicación del propio presidente. Así, el mandatario aymara se entusiasma en ganar en 2014 y ser el mandatario que más tiempo ocupó la presidencia de Bolivia. Superaría, incluso, a Andrés de Santa Cruz, uno de los fundadores de la patria.


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